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Calexico (TexMex)
24.07.07 - 22h - KKL Kultur- und Kongresszentrum, Blue Balls Music
LUCERNA – http://www.blueballs.ch
TEXMEX
«Calexico e Iron & Wine» (TexMex)
— Por Marcos Barandún para © «Punto Latino» —
Joey Burns y John Convertino – alma y corazón de CALEXICO, aunque no necesariamente en ese orden – tienen todo el derecho de estar bien versados en la mitología del «Sueño Americano». Tienen su base en Tucson, Arizona, una ciudad rodeada por montañas y desierto, empapada todas las noches por doradas puestas de sol, dividida por una vía de tren que pasa por el legendario Hotel Congress donde tocaron muchas veces en sus primeros shows, servidos tanto por cantinas como por corredores de bolsa, el corazón del mítico Oeste Americano y sin embargo, hogar también, en las afueras de la ciudad, de un extraordinario cementerio de viejos aviones de guerra de Estados Unidos, una muestra por si mismo del choque entre lo viejo y lo nuevo. Pero este lugar, a poca distancia de la frontera con México, es simplemente eso: una base. John y Joey han pasado años en la carretera como músicos viajantes, primero como parte fundamental de Giant Sand, con quienes tocaron durante más de una década y de los que son todavía una parte importante, teloneando a otros músicos de mentalidad similar – Evan Dando, Richard Buckner, Victoria Williams, Neko Case, Lisa Germano – y, desde 1996, como CALEXICO, tomaron el nombre de una ciudad fronteriza entre California y México. Estando durante años en gira constante por todo el territorio de Estados Unidos, la carretera es su segundo hogar, y su visión de este país enorme y en expansión ejerce una gran influencia en la música que hacen. De la misma forma que la tierra en sí misma parece que ofrece pocas restricciones, así CALEXICO rehúsan ponerse límites y restringirse ellos mismos, tanto en lo personal como en lo mítico, aunque al hacerlo así transforma a menudo los esfuerzos del hombre medio de sus temas  en parte del mito.

Si se trata de imaginar de antemano cómo puede sonar una colaboración entre Calexico y Iron & Wine posiblemente uno no pueda imaginarlo si sólo se asocia el pop cinemático de los primeros con la dulce voz del segundo. Y es que además de conjugar los planos instrumentales de Calexico – cercanos a los de una banda sonora de road movie – con el folk recogido del también profesor de guión Sam Bean, encontramos en el mini-album In the Reins canciones pastorales válidas para describir personajes solitarios, (“Histoy of Lovers” riza el rizo acercándose casi a una canción de catequesis), escenas interiores de fuerte carga dramática (prueben a ver cualquier película de John Sayles con el volumen silenciado y escuchando “16, Maybe Less” o “Dead Man’s Will”) y una simbiosis conceptual para la forma y el contenido que sorprende además por el carácter de espontaneidad con el que surgió el proyecto.
El resultado en su conjunto es una ceremonia auto tributo que se retroalimenta con los episodios armoniosos de Calexico y las delicadas composiciones de Iron & Wine, jugando a interpretarse mutuamente pero también retándose a ver quien lleva mejor a su terreno las aportaciones del otro, provocando en algunos temas un constante zigzagueo entre la calma jazzy de “Burn that broken bed” a la apertura de blues-jam sureño de “Red Dust” y adentrándose en territorios a veces poco familiares para ir ofreciendo detalles nuevos y excitantes.

La noche empezó con mucho sonido acústico [*]. El cantante y Frontman de Iron & Wine, Sam Beam, interpretó muchas canciones de sus anteriores discos, pero arregladas sólo con su guitarra acústica y su especial fingerpicking style. Cuando se le oye cantar, parece que uno vuelve a los 60, que uno vuelve a rescatar al Hypie olvidado que cada uno de nosotros lleva dentro. Poco a poco los integrantes de Calexico fueron tomando puestos en el escenario de manera rotativa. Desde Rock hasta Tangos. Todo con una pureza y belleza solo posible de interpretar por Calexico. Volkhaus se convirtió en una fiesta, una FIESTA…

[*] El concierto del 13 de mayo 2006 en el Volkshaus de Zúrich, organizado por Allblues.
 
Spoke 1997
the black light 1998
hot rail 2000
feast of wire 2003
aerocalexico 2001
DEUTSCH
«Calexico» - Iron & Wine
— entre California y México —
sábado 13 de mayo, 20h || Volkshaus, Zúrich

Calexico: Joey Burns, vocals/guitar - John Convertino, drums/percussion - Paul Niehaus, pedal steel guitar - Jacob Valenzuela, keys/trumpet/vibes - Martin Wenk, accordion/guitar/synthesizers/trumpet - Volker Zander, bass         
Einem schäbigen Nest an der mexikanischen Grenze abgeschaut, lässt sich der Bandname «Calexico» schon fast als Programm interpretieren: Die Gruppe um Joey Burns und John Convertino kreuzt in ihrem Namen die geografischen Bezeichnungen Kalifornien und Mexiko, sie kreuzt auch die Musiken beider Länder und sorgt dafür, dass Stilränder verschwimmen und verschiedenartige Musiken sich gegenseitig durchdringen: Americana, Texmex, Rock'n'Roll, Mariachi, Swing, Folk, Walzer, Slidegitarren, Jazz, Spaghetti-Western-Zitate – Calexico verarbeiten diese Einflüsse seit 1990 zu ihrem eigenen Roadmovie-Soundtrack, zu einer Filmmusik, die gerade auch in europäischen Köpfen Unmengen von Assoziationen und Bildern heraufbeschwört: Bilder von den Schattenseiten des amerikanischen Traums, Bilder, die einen träumen - und manchmal alpträumen lassen. Im Volkshaus stellen Calexico ihre neue CD vor und bringen gleich noch ihre musikalischen Verwandten von IRON & WINE mit, die sie auch auf grosser USA-Tournee begleitet hatten. Americana pur.  
 Aktuelle CD: neue CD «Garden Ruin» erscheint anfangs April 2006
the book and the canal
2005
garden ruin 2006
FRANCAIS
«Calexico»
— présentation des artistes —
Fuente / Source: www.infoconcert.com (France)

Joey Burns et John Convertino sont deux musiciens particulièrement actifs, toujours en quête de collaborations diverses. Leur talent n’étant plus à démontrer, des propositions de collaboration arrivent du monde entier: la «Calexico touch» est très prisée! Multi-instrumentistes doués, ils manient avec dextérité la contrebasse, la guitare, la batterie et la trompette. Les deux membres de Calexico sont d’abord connus pour avoir été la section rythmique de Giant Sand (puis celle de OP8), le groupe de Howe Gebb invité en première partie sur la dernière tournée de P.J. Harvey. On retrouve les deux compères sur certains disques de Lisa Germano, Victoria Williams et Vic Chesnut. Les Français, y compris, font appel à eux pour donner une couleur roots à leurs enregistrements. Jean-Louis Murat joue avec eux, intitule même une des chansons de «Mustango» «Viva Calexico», sans parler d'Amor Belhom Duo qui les convie à son tour.

La musique de Joey Burns et John Convertino peut embrasser les styles les plus divers. Certains titres sont jazzy, d’autres influencés par la musique des mariachis. Il y a des morceaux folk-rock, country, pop-rock : Calexico est un groupe éclectique. Même si la plupart de leurs titres sont instrumentaux, ils écrivent aussi de superbes chansons. Leurs ambiances sont en général cinématographiques : on pense à certains films de Sergio Leone, Clint Eastwood ou Sam Peckinpah. Les musiques de film composées par Ennio Morricone sont, d'ailleurs, une de leur influences.
Tucson (Arizona), leur carrière démarre avec «Spoke» (97), album principalement acoustique. Ils choisissent alors de prendre le nom d’une ville de la frontière américano-mexicaine (Calexico). Deux albums, encensés par les critiques du monde entier - «The black light» (1998) et «Hot rail» (2000)-, s'ensuivront et un EP de faces B et de titres dans des versions différentes, «Even my sure things fall», est sorti en 2001.

Les concerts de Calexico sont absolument enthousiasmants. En plus d’être des musiciens talentueux, John Concertino et Joey Burns sont particulièrement souriants et conviviaux. On sent véritablement leur bonheur de jouer ensemble. Ils racontent des blagues, parlent beaucoup et font même participer la jeune femme qui assure leur première partie, Shannon Wright, à leur set. Sur scène, Calexico, c'est sept musiciens: deux trompettistes, une pedal steel, un bassiste, un clavier, un batteur (John Convertino), et un chanteur guitariste (Joey Burns). On a parfois l’impression qu’ils improvisent, ils n’ont jamais l’air sûr du titre qui va être interprété après. Leurs prestations scéniques sont réellement dépaysantes: dès les premières notes de musique, on se retrouve projeté en Arizona ou au Mexique.
Calexico, un groupe de très grande classe aussi bien sur disque qu’en concert.


ITALIANO
«Calexico» Il suono del deserto
— Magda di Genova, Claudio Fabretti —
Credit: www.ondarock.it (Italia)

L'INTERVISTA
di Magda Di Genova

Se proprio vogliamo pensare a quali possono essere state le vostre influenze, i due nomi che vengono subito in mente sono Ennio Morricone e Lee Hazlewood. Quanto, in realtà, la loro musica vi influenza?
I primi nomi che vengono in mente a me sono: Bob Dylan, Miles Davis, Erik Satie, Sufjan Stevens, Taraf de Haidouks, Tom Waits, Eric Dolphy, Link Wray, Serge Gainsbourg, Amalia Rodrigues, Mano Negra, The Pogues, Gotan Project, Latin Playboys, Neil Young, Pavement, Yo La Tengo. Le persone che menzioni sono fantastiche, ma non sono le uniche quando si tratta di influenze.
Toglimi una curiosità, trovi che Ennio Morricone abbia qualcosa a che vedere con il rock?
Sì, fino a un certo punto. L'inventiva del Maestro è spesso impareggiabile. Riesce a suonare sia elettronico che rock. È avventuroso e definisce con estrema chiarezza descrizioni e generalizzazioni.

A ogni modo, la vostra musica riflette le atmosfere e i sentimenti della musica messicana su una struttura folk-rock più vicina a modelli statunitensi. Cosa rappresenta per voi la tradizione messicana e quanto è importante per la vostra ricerca musicale?
Sì, ma non tutta la nostra musica rappresenta i sentimenti che dici. Ci sono altri elementi che hai scartato facilmente: le parti di batteria di John Convertino, che sono così sciolte e creative e di come usa le spazzole, che evocano lo spirito jazz di Elvin Jones, Philly Joe Jones, Max Roach, Art Blakey. Poi c'è la versatilità del trombettista e del polistrumentista Martin Wenk di Berlino e Jacob Valenzuela di Tucson. Loro riescono a cambiare stile senza alcuna fatica, facendo assoli di corno à-la "Sketches of Spain" di Miles Davis o al pop anni 60 quando presentiamo la cover "Alone Again Or" dei Love. Da Nashville c'è Paul Niehaus che suona la chitarra pedal steel e che attinge alla tradizione e vi si riallaccia, la migliora con accorgimenti e ce la restituisce attraverso un senso più contemporaneo di spazio e colore, non diversamente da gruppi elettronici come gli Oval e i Tortoise. Volker Zander, da Monaco, che suona il pianoforte verticale e il basso, è appassionato di soul anni 60, r'n'b e indie-rock e ha un orecchio molto allenato ai campionamenti e a come certi suoni possono essere trattati. Lui è il nostro trampolino principale per lo smembramento del suono e disseppellisce componenti avant-garde per le nostre improvvisazioni durante i concerti dal vivo.
È questo quello che mi viene in mente quando penso a come suona il gruppo. E si tratta solo della punta dell'iceberg.

Quando avete cominciato la vostra era una musica principalmente strumentale dai richiami cinematografici e, col tempo, vi siete spostati verso una forma canzone più cantautorale. Com'è avvenuta questa migrazione?
Abbiamo sempre lavorato spostandoci in ogni direzione: indietro, avanti, di lato, in circolo, verso l'alto e verso il basso. Abbiamo cominciato a scrivere canzoni e brani strumentali allo stesso tempo.

Dopo "The Black Light" la vostra musica ha seguito un percorso più elettrico, a volte addirittura lambendo la musica classica o jazz. Cosa possiamo aspettarci dal vostro ultimo disco?
Saperlo non servirebbe a nulla. Staremo a vedere.

Joey, hai un'educazione musicale prettamente classica. Come ti aiuta a fare musica rock?
Ho cominciato a suonare garage-rock, ma sono cresciuto ascoltando la musica che si faceva a casa: il piano in salotto, chitarre, bassi. Mi sono avvicinato alla batteria, ma ero più orientato verso il basso.
L'impostazione classica ha i suoi pregi, ma l'originalità deriva dall'andare contro le regole e la tradizione e questo era quello che volevo. Immagino che l'educazione e, soprattutto, l'esperienza siano come la prospettiva che hai quando guardi nello specchietto retrovisore.

Le vostre collaborazioni sono davvero tantissime (Neko Case, Barbara Manning, Richard Buckner, Victoria Williams, Michael Hurley, Bill Janovitz, Vic Chesnutt, Lisa Germano, Françoiz Brut, Evan Dando). Come arrivate a voler collaborare con qualcuno e come scegliete questo qualcuno? Perché avete bisogno di così tante collaborazioni?
Ascoltiamo...

Avete recentemente collaborato anche con Iron & Wine. Ti va di parlarmene? Siete completamente soddisfatti del risultato? È troppo presto per parlare di un eventuale seguito?
È stata una delle nostre collaborazioni migliori. Non vediamo l'ora di andare in tournée con loro, insieme a Salvador Duran nei mesi di aprile e maggio. Sicuramente ci divertiremo tantissimo. I concerti che abbiamo tenuto insieme negli Stati Uniti sono stati i nostri concerti migliori. C'è qualcosa di veramente speciale che sia il pubblico che i musicisti riescono a percepire, è difficile da individuare con precisione, ma lo spirito c'è ed è forte.

Ci sarà un video-clip a supportare l'uscita del disco?
Sì, si tratterà di "Cruel". Siamo stati aiutati dalle persone talentuose del sito www.loyalkasper.com che hanno realizzato per noi questo bellissimo video cupo. Ci sono strani oggetti che si animano, si rompono e girano da tutti gli angoli dello schermo.
L'abbiamo filmato al Gowanus Industrial Park, un vecchio - e intendo veramente vecchio - granaio a Brooklyn, NY. Si dice in giro che anche Martin Scorsese abbia girato lì alcune scene.

Joey, non posso che ringraziarti...
Grazie a te. Ci rivediamo in primavera.

FRANCAIS
«Calexico» Il suono del deserto
— Magda di Genova, Claudio Fabretti —
Credit: www.ondarock.it (Italia)

LA SCHEDA
di Claudio Fabretti*

La musica dei Calexico è una sorta di road movie, che si consuma tra la sabbia infuocata dell'Arizona e le suggestioni delle fieste messicane. È una miscela trasognata di rock e mariachi, folk e country, umori gypsy e musica da camera, improvvisazioni jazz e paesaggi sonori alla Ennio Morricone.
L'avventura della band di Tucson, Arizona, che si fonda sul duo Joey Burns-John Convertino, inizia nel 1997 con Spoke, ma ha la sua consacrazione un anno dopo con The Black Light, album melodioso e atmosferico, con gemme come l'ouverture strumentale di "Gypsy's Curse", intrisa di malinconia e di umori mitteleuropei, la struggente ballata "The Ride", ricca di echi mediterranei e andini, e il madrigale classicheggiante di "Where waters flow", intessuto su vibrafono e violoncello.

Tutto ciò in Hot Rail (2000), è reso ancor più complesso. "Abbiamo attinto dal cosidetto "suono di Chicago" - racconta Joey Burns, bassista e mente della band -. Ma sono cresciute anche le influenze jazz e le trombe mariachi si sono fatte ancora più nitide. Abbiamo lavorato molto sulle dinamiche: silenzio/ rumore/ rimbombo/ sussurro. E la base strumentale si è ampliata anche con marimba, steel guitar e clavicembali".
Trasformismi, quelli di Burns e del suo socio John Convertino (percussioni), che si devono anche alla comune militanza nei Giant Sands, alle collaborazioni con Lisa Germano e Shannon Wright, e all'influenza su entrambi del Paisley Underground di metà anni '80. Hot Rail conserva l'equilibrio tra rock e musica classica, anche se quest'ultima, a tratti, sembra prendere il sopravvento. Domina, comunque, un umore più pacato e riflessivo, dallo strumentale mariachi a suon di corni di "El Picador" (dedicato alle leggende dei toreri) allo spaghetti-western psichedelico di "Ballad of Cable Hogue", dalla ballata malinconica di "Service and repair" al misticismo dai sapori orientali di "Hot Rail". È rimasta, comunque, la "saudade" messicana che pervadeva The Black Light. Un clima che non si può non respirare vivendo dalle parti di Tucson, Arizona: una terra sospesa tra i sapori del country & western statunitense e la calda indolenza messicana.

Spiega Burns: "La parte meridionale dell'Arizona un tempo era messicana. Poi, alla metà del 18° secolo, gli Usa acquisirono questo territorio per costruirvi la ferrovia e anche i confini cambiarono. Ma la gente di lì ha mantenuto quell'identità e quella cultura. Ed era musica messicana quella che mi cantava mia madre quando suonava al piano". Lo stesso nome Calexico, d'altronde, nasce dalla fusione tra California (dove Burns ha vissuto per anni) e Mexico. Ma la musica di questa sorta di "ensemble da camera del deserto" è illuminata anche da uno spirito psichedelico. Uno spirito che Burns considera quasi innato: "In Arizona non c'è bisogno di droga per essere su di giri. La psichedelia è nell'aria, nel sole, nel cielo. Per quanto mi riguarda, mi bastano la tequila e del buon vino messicano".

Feast Of Wire (2003) ripercorre la vena psichedelica già emersa soprattutto in Hot Rail. Ma è anche il jazz a farsi largo: trombe e tromboni surriscaldano un cocktail di rock e mariachi, folk e country, ballate in odor di Neil Young e paesaggi sonori alla Ennio Morricone. Affiorano anche alcune novità assolute per i Calexico: da un certo esotismo lounge negli arrangiamenti a qualche sprazzo di elettronica.
L'album contiene 16 tracce, di cui 9 strumentali, per 47 minuti di musica che si collocano a metà strada tra i due dischi precedenti. L'iniziale "Sunken waltz" è un valzer country caldo e suadente che unisce Neil Young e gli Eagles. I sapori caraibici di "Quattro (World drifts in)" evocano bevute di tequila e caldi pomeriggi assolati nel deserto. "Stucco" è un breve intermezzo strumentale che traghetta nelle atmosfere noir di "Black heart", perfetta miscela di melodia e rumore, archi e chitarre distorte, che sembra proprio provenire dai recessi più oscuri dei Black Heart Procession. Ma a brillare sono anche la lentezza studiata e cerebrale di "Pepita", le atmosfere notturne di "Not even Stevie Nicks", ovvero Neil Young che sposa i Mercury Rev in una ballata lieve e finemente psichedelica, la cavalcata nel west di "Close behind", che strizza l'occhio al Morricone spaghetti-western della trilogia di Sergio Leone.
La seconda parte del disco è più marcatamente sperimentale. "The book and the canal", introdotta da soffici accordi di piano e dal suono magico di un violino in lontananza, è un piccolo gioiello d'austerità classica di 1'45'', "Attack el Robot! Attack!" un delizioso pastiche che mescola trombe, leggere dissonanze, rumori e un'elettronica minimale. A rinnovare l'ebbrezza tex-mex è "Across the wire", con le sue cadenze da festa mariachi, mentre "Guero canelo" indugia su sonorità latine un po' abusate. Se "Whipping the horse's eyes" è un'inaspettata digressione ambient, "Crumble" conduce in un terreno apertamente jazz, con un'orchestra mariachi in acido che accorda gli ottoni nella stessa tonalità di "Hot Rail". "No doze", infine, chiude il disco all'insegna di un post-rock impastato di polvere e sabbia.

In The Reins (2005) è una collaborazione tra Calexico e Iron And Wine.
L'incontro tra Burns, Convertino e Beam risaliva a qualche anno fa e i tre si erano già ripromessi allora di comporre un giorno qualcosa assieme. Quel giorno è arrivato ed è nato così questo Ep di sette tracce, tutte inedite e composte per l'occasione. La partenza è subito su un buon livello: apre i giochi "He Lays In The Reins" e a regnare sono le spazzolate desertiche dei Calexico tra lap-steel, piano e percussioni tex-mex; un pezzo dalla melodia altamente evocativa, affidata a Beam e a Salvador Duran, un tenore della scena flamenco di Tucson (dove il disco è stato registrato). Ruoli invertiti per "Prison On Route 41": se prima Beam fungeva da vocalist per i Calexico, ora è la band dell'Arizona a fare da accompagnatrice alle gesta di Iron&Wine. Il brano, piacevole, è frutto esemplare della tenera penna del barbuto cantastorie, pennellate di slide a profusione e incursioni di armonica e banjo nel corpo centrale.
La vera e propria cooperazione inizia dal terzo brano, quando le distinte personalità iniziano a fondersi e a esplorare territori un po' comuni e un po' alieni alla loro musica. "History Of Lovers" si regge su un retroterra di chitarre ritmate e onnipresente slide al contrappunto prima di sfociare in un tripudio di fiati, "Red Dust" è un'acida jam blues-rock per chitarra, armonica e organetto, "16, Maybe Less" è invece il classico lentone d'atmosfera, tanto di classe quanto incline a tediare. Purtroppo si tratta di brani palesemente di maniera, portatori di nessuna emozione e nessun sussulto di sorta. A parziale riscatto giungono i contentini finali, dove nuovamente le strade tendono a separarsi. Il fumoso noir intessuto da "Burn That Broken Bed" porta il marchio dei Calexico, pronti a immergersi in un fosco blues dal quale esce, prezioso, un bel solo di sax che porta il pezzo a morire. Meglio ancora e al livello del primo, riuscito, brano dell'Ep è il corale e accorato finale acustico prettamente Iron&Wine di "Dead Man's Will".
Pur non privo di qualche momento gustoso, il disco delude: i brani migliori sono quelli in cui la collaborazione naufragata ha messo meno mano, lasciando dunque le aspettative per le rispettive prove in solitaria ancora buone.

Garden Ruin (2006) rappresenta una nettissima svolta e nella composizione e nel suono: undici canzoni, e non canzoni-Calexico (tranne un paio), ma canzoni in senso classico, molto country, molto pop, molto folk, niente bozzetti strumentali, niente o quasi "spazzolate desertiche". Basta la traccia iniziale, "Cruel", per stabilire le coordinate e la misura di quanto possa dirsi riuscito il primo atto del nuovo corso (sarà così?) della band. Il pezzo è aperto da arpeggi cupi che si stemperano in un melodismo estremamente romantico, "aperto" nel suo dipanarsi sin troppo scolastico. L’incedere melodico è un po' zoppicante: indeciso sul versante da prendere, si divide equamente fra gli afflati, senza approfondirne nessuno. I fiati nel finale servono solo ad agitare le acque e confondere ulteriormente le idee. Lo spettro trattato si allarga man mano che procede il disco: "Yours And Mine" tenta la carta del tenero abbozzo folk-pop, troppo classico e di maniera per convincere, anche se non brutto; "Bisbee Blue" invece si butta sul country-pop, anch’esso con gli stessi difetti e ancora meno riuscito essendo, anche come standard, senza arte né parte. "Panic Open String" prova a convogliare quanto sin ora emerso in unico brano, sussurro carezzevole e levigato, flauti a profondere quiete: il risultato è ancor più anonimo, e pure soporifero se ascoltato nel contesto.
La materia trattata sembra lontanissima dalla sensibilità di Burns e Convertino che non riescono a mettere l'anima nei pezzi, lasciandoli scorrere senza emozioni di sorta. Una parziale smossa riesce a darla "Letter To Bowie Knife", inattesissimo (ma non c'è nulla di previsto in questo disco) rock, che, nonostante continui a lasciare l'impronta di una band fuori luogo, piazza due convincenti sberle a quanto sentito sinora e si lancia in aperture da anthem. E' il momento migliore del disco e a profittarne arriva un mezzo tuffo nel passato con "Roka", che porta con sé la notte, la voce si fa bassa (e fa apprezzare i miglioramenti del canto di Burns), tex-mex ammiccante, suadente danza de la muerte in duetto con voce femminile. "Lucky Dime" punta invece addirittura ai Beatles adulti, col suo incedere di tastiere da pop di classe. Da qui in poi accade poco altro, con il, presuntissimo, crescendo emozionale di "Smash", con il banalissimo (e quasi irritante) rockettino base di "Deep Down" e con "Nom de Plume", diversivo fumoso in sobborghi francesi.
Si fa notare, in pratica, solo il colpo di coda, "All Systems Red", che indovina arpeggi realmente toccanti, dilatandosi su binari post-rock, guaendo, ferita, fino alla morte. In generale, una delle poche cose buone di un disco che vede i Calexico in grandissimo imbarazzo in questo, tutto sommato maldestro, tentativo pop.
* contributi di Ciro Frattini ("In The Reins" e "Garden Ruin")




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