| HISTORIA: Antonio Hodgers sobre la dictadura argentina |
|
|
HISTORIA – DICTADURAS Antonio Hodgers: «No puede haber democracia sin Justicia, porque es la base del sistema» — Por: Leonardo Bachanian. De la Redacción de Clarín.com. © autorización expresa para PuntoLatino — Es el primer diputado de origen argentino en el parlamento suizo. Su padre fue desaparecido durante la dictadura y él se exilió con su madre. Dice que los compatriotas que viven en el exterior deben involucrarse en política. ¿Cuántos argentinos viven en el exterior? Nadie lo sabe con certeza, pero en Cancillería estiman que son más de 600 mil. ¿Cuántos argentinos están presos en el exterior? Según registros de 2006 del Ministerio de Relaciones Exteriores, rondan los 1600. ¿Cuántos argentinos que viven en Europa ocupan cargos legislativos en un parlamento? Dos. Uno, Ricardo Merlo, es diputado en Roma por los Italosudamericanos; el otro, Antonio Hodgers, es el primer diputado de origen argentino en el parlamento suizo. Hodgers, hijo de una exiliada y un desaparecido durante la última dictadura militar, integra el partido de Los Verdes y obtuvo su banca federal por Ginebra, en octubre. "Los Verdes representan un esquema más moderno que el socialismo tradicional. No se ocupan sólo del medio ambiente", explica Hodgers a Clarín.com, desde la oficina de su empresa dedicada a facilitar el desplazamiento vehicular en las ciudades de manera ecológica. Y agrega: "Después de la caída del Muro, muchos jóvenes europeos no ven más la política como algo entre la derecha capitalista y la izquierda comunista, sino que se dan cuenta que puede haber otro espacio político que puede seguir siendo solidario, aunque pretende mayor descentralización del Estado, y que valorice la economía privada". El padre de Antonio, Héctor, desapareció en 1976, mientras que su madre, Silvia, una coreógrafa y bailarina que participó de la fuga de la Cárcel de Rawson en 1972, se exilió en 1977, cuando él tenía un año y medio. Primero Brasil, luego México, de allí a Italia y finalmente Suiza, en 1981: "Era uno de los pocos países que, además de dar asilo político, ayudaba económicamente", contó Silvia, quien creó allí una compañía de danza y teatro con la que representó obras que abordaban el terrorismo de Estado. Su hijo, licenciado en Relaciones Internacionales, antes de llegar al Parlamento –reunió 28.860 votos- se convirtió en el legislador cantonal más joven de Ginebra, cuando apenas tenía 19 años. Desde ese lugar, y en el marco de una ciudad multicultural, luchó para defender el derecho al voto de los extranjeros. — Leí que volviste al país cuando tenías 15 años y que, de a poco, tuviste que recomponer una familia y aprender a tomar mate y comer dulce de leche. ¿Hoy cómo te encuentra ese proceso de re argentinización? Hasta los 25 años me acerqué mucho a la Argentina y a América latina. Hacía muchos viajes para distintos proyectos, estuve en Colombia, en Nicaragua observando las elecciones, en Bosnia después de la guerra... En esa época tenía ganas de volver para estudiar y trabajar. Pero no resultó. Tenía planeado hacer un Master en el Instituto de Altos Estudios sobre América latina en París, antes de regresar. Pero no me llevé bien con un profesor argentino que tuve y no me tomaron. Entonces regresé a Ginebra y empecé otros estudios: eso significó quedarme y renunciar al proyecto de regreso. Después también vinieron los años difíciles para la Argentina y me quedé. — ¿Te sentís suizo o argentino? Sobre algunas cosas me siento más suizo, y sobre otras, más argentino. Por ejemplo, en las relaciones, en el cariño me siento más argentino: acá cuando se saludan no se abrazan y me miran raro cuando lo hago. En cuanto a los temas políticos, yo admiro la democracia suiza, el aspecto más racional que tiene la gente de hacer política. La política argentina, a veces y exagerando un poco, la gente la vive como si estuviera en la cancha. Aunque ahora, después de la crisis, ha cambiado un poco, me parece. Acá la política suiza es de compartir el poder: el presidente cambia cada año, porque son 7 ministros y van rotando para ver quién es el presidente. Es un cargo simbólico, el poder no está en una persona. — ¿Tus pares del Parlamento te respetan igual que a un nativo o sentís que rechazan tus ideas o tus proyectos? Bueno, formalmente, por supuesto, respetan. Una vez, hace unos años, en un debate, en Ginebra, un tipo de derecha me dijo volvete a tu país y yo le contesté este es mi país, tanto como el tuyo. Ginebra es muy internacional, el 40% de la población es extranjera; y eso no cuenta a la gente como yo, que somos de origen extranjero, pero nos hicimos suizos. Ahora estoy en el Parlamento y sí, es cierto que hay ciertos cantones que son más primitivos. — ¿Creés que los argentinos que emigraron hace tiempo deberían comprometerse en política para cambiar la situación de los inmigrantes? Claro. El argentino que más se compromete es el que llegó a final de los años 70', luego de la dictadura. Al argentino que llegó hace 10 años, o con la crisis económica, se lo ve menos. Es una pena: acá los extranjeros tienen derecho de voto municipal, de petición, de hacer actos sociales. Por definición, la democracia es el poder del pueblo. Uno, si quiere vivir en democracia, tiene que aceptar que un poquito tiene que comprometerse e interesarse con la vida de su región. Las leyes de inmigración son bien difíciles, incluso para los argentinos, entonces si los que están instalados legalmente pudieran luchar para cambiar eso, sería una gran cosa. — En la última campaña legislativa, la Unión Demócrata del Centro (UDC) mostró muchas actitudes xenófobas. ¿Se vive cierta intolerancia contra los inmigrantes en Suiza? En Suiza, históricamente, cuando hay un poco de tensión social, problemas de desempleo (las cosas ya no están tan bien como antes) siempre sube un poco un sentimiento contra los extranjeros. Hay cierta intolerancia, pero al estilo suizo, que no es muy abierta. Todos son muy correctos, no hay un racismo abierto y agresivo. Se expresa votando. La UDC supo captar esa protesta subterránea, pero de una manera muy demagógica porque si mañana se van los extranjeros se cae la economía suiza, es un suicidio para el país. Hacen como si los extranjeros fueran el problema, cuando son una gran solución. — Sos diputado por Los Verdes. ¿Cuándo nace tu preocupación por el medio ambiente y la ecología? Acá, el cuidado de la ecología, te lo enseñan desde muy chico porque la teoría es que un adulto es muy difícil que cambie sus hábitos. Pero el medio ambiente no era mi tema de acción ni de militancia de joven, que era más bien el derecho al voto de los extranjeros. Entro a Los Verdes porque, para mí, su ideología política representa un esquema más moderno que el socialismo tradicional. Para ellos, el Estado debe tener una presencia muy importante en todos los niveles de la vida de los ciudadanos; Los Verdes por supuesto van a defender al Estado en su rol social, pero también van a insistir en la importancia de la autonomía individual para hacer que la sociedad funcione. Los socialista van a pretender que el Estado central sea más fuerte y Los Verdes van a pretender que haya más descentralización del poder del Estado. — ¿Por qué consideran que es mejor esa opción? Hay que ver cada país en particular, pero, por ejemplo, en Francia o en Italia, donde hay Estados sociales muy importantes, uno ve que al final un Estado mamut no tiene dinámica y se pone mucha plata que no va al que la necesita. Nosotros preferimos valorizar el compromiso social de la gente. Creemos que es más interesante que la gente desarrolle relaciones horizontales, de ciudadano a ciudadano, que de Estado a ciudadano, todo el tiempo. Tal vez puede ser por el ejemplo de los países soviéticos: el Estado acaparó todo y desmovilizó totalmente a la gente, no había más espíritu ciudadano. Cuidado: yo creo que la instrucción pública, la salud, la policía, tiene que ser responsabilidad del Estado. — ¿La idea de que el ciudadano europeo es más atomizado en las relaciones sociales es vieja? ¿Cuesta generar que se involucren en acciones grupales? Se mezclan dos cosas: sí es cierto que el europeo del norte es más frío en sus relaciones sociales, no es tan abierto como el argentino, pero eso no quiere decir que sea más individualista que el argentino. La mayoría de los suizos está en una ONG o participa de la actividad de un club. Pienso que el compromiso del suizo, no sólo sobre temas políticos, sino en temas culturales y sociales, es más discreto. — ¿Cómo seguís a la distancia la reapertura de causas contra los represores? El tema de la Justicia y de la identidad lo sigo de muy cerca, y con la satisfacción de que se hayan podido anular las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Es algo muy importante. Para los suizos es muy difícil de entender cómo, en democracia, se pudieron sancionar esas leyes del perdón. Entonces, como hijo de un desaparecido y como ciudadano argentino, sigo este nuevo paso con mucha satisfacción. Estoy convencido que no puede haber democracia sin Justicia, porque es la base del sistema. La democracia no es sólo elección abierta, es respeto de los derechos humanos, de las minorías... y si mi país va en ese sentido, me pone muy contento. — ¿Tenés algún vínculo con la agrupación H.I.J.O.S? En la época que se fundó, formamos un grupo de H.I.J.O.S. acá en Ginebra. Estuvimos juntos unos años, hicimos actos de conmemoración del 24 de marzo. Pero después el grupo se dispersó. Ahora hace años que no tengo más contacto directo, pero sigo las acciones que hacen. — ¿Cómo es la relación de tu madre con la Argentina? Va muy seguido. Acá organiza el grupo de apoyo a las Abuelas de Plaza de Mayo cada vez que vienen a la Asamblea de Derechos Humanos de la ONU. Ella, en una época, también quiso regresar. NdR. El títul original de la entrevista en «Clarín» es: «La Argentina tiene banca». |
Back to top | Copyright 2009 puntolatino.ch | info@puntolatino.ch



