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puntolatino.ch : literatura_entrevistas : lit_schwartz08
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LITERATURA: Marco Schwartz
LITERATURA
Marco Schwartz (Colombia) en Zúrich – Entrevista exclusiva
— tuvo lugar el martes 28 de mayo 2008 en la Literaturhaus —
Kulturelle Veranstaltung Präsidialdepartement Stadt Zürich
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De izquierda a derecha: Marco Schwartz (Colombia), Paulo González (Costa Rica) y Laura Lópeu (España) || Foto: Luis Vélez (Bolivia)
LITERATURA
Marco Schwartz: «Tomás González es para mí el mejor escritor que hay ahora en Colombia» ...

— Entrevista a Marco Schwartz por Paulo González y Laura López (© PuntoLatino), en Zúrich el 28 de mayo 2008, en la cafetería del Hotel Kindli, Zúrich. Marco Schwartz ya estuvo en más de una ocasión en Suiza como corresponsal de prensa, cubriendo viajes del presidente del gobierno español, y éste, es el primer viaje con motivo literario —

El día es fabuloso, se logra respirar un aire veraniego que nos contagia de alegría y libertad. Hemos llegado puntuales a la cita, unos minutos antes para corroborar nuestras preguntas y cómo no, tomarnos un cafecito. Nos sentamos fuera para recibir la energía tan placentera del sol. Pasados los minutos logramos “detectar” al escritor que camina medio despistado por las callecitas de la ciudad. Le damos su tiempo pues para que se dé su vueltecita como buen turista que también es. Y es que llegar a Zúrich y no caminar por el lago o echarle un ojo a las casas y a las gentes, como que no. El escritor mira de allá para acá, fascinado seguramente, ¿inquieto por la entrevista?, no, no creemos. Será que no encuentra el hotel. Pues, puede ser. Gentes y paisajes, todo lugar es diferente si se logra mirar realmente. Parece que llega y como periodistas al acoso lo interceptamos y nos presentamos. Él encantado de hacer la entrevista “ahorita” mismo, nosotros que no se apure, que se tome su tiempo y aquí le esperamos, pues si tiene que ir a su cuarto o algo así ... Él que no, que la hacemos de una vez y que claro, que nos sentemos y miremos el asunto. De entrada nos presentamos como debe ser y Marco nos invita con su cordialidad a hablar más de nosotros. ¡Pero señor Schwartz!, si es que vamos hablar de usted. Bueno sí, y qué toman, pues café, claro, ¡un café!
Marco Schwartz comenzó así a platicar de su vida y de su trabajo. Con su aire humilde y su excelente expresión oral, además de su amabilidad, nos contestó sin pelos en la lengua todas nuestras inquietudes. Estos son los temas que tratamos:

PL: Veinte años viviendo en Madrid y aún tienes el acento colombiano
M.S.: No se me quita y lo curioso es que desde que llegué a España yo he andado con españoles y no sé si es un mecanismo inconsciente de defensa, pero he mantenido el acento intacto. Aunque cuando voy a Colombia mis amigos allá a veces se burlan y me dicen: “mira, dándoselas de español”. Y eso que no hablo con la zeta, hablo con el “queries / váis” y hay giros que uso que son muy españoles y a oídos de un colombiano suenan demasiado extranjero. Son los juegos del mestizaje lingüístico.

PL: Colombia, Barranquilla. Tenemos entendido que has vivido allá, en Los Ángeles también y en Israel.
M.S.: Sí, yo nací en Barranquilla y de los 2 a los 5 años mi padre, que es químico, se fue a trabajar a Los Ángeles en una fábrica. Volvimos por un accidente que tuvo en la fábrica y viví hasta los 15 años en Colombia, y de los 15 a los 19 fuimos a Israel, porque mi padre nació allá en Tel Aviv. Mi padre tenía ese viejo sueño de volver a la tierra donde nació. De hecho, se fue toda la familia: sus padres también, mis abuelos, el hermano de mi padre, todos. Pero al final creo que tiró más la tierra latinomaericana porque a los 4 años decidimos volver. Volvimos escalonadamente, porque yo empecé a estudiar allá en la Universidad de Jerusalén Economía y Relaciones Internacionales. Estudié 2 años de 3. Pero volví a Barranquilla y en un momento de confusión me metí a estudiar Ingeniería Civil. Mi hermano estudió Ingeniería y me dijo que por qué no estudiaba yo también Ingeniería Civil y terminé estudiando una carrera que jamás imaginé y de hecho nunca ejercí.

PL: ¿Cómo empezó este sentimiento por la literatura?
M.S.: Desde niño. Yo de niño escribía poemas, relatos y me gustaba mucho leer. No me considero un gran lector. No soy de muchos libros, sino de muchas relecturas. Y leo apasionadamente. Si no me atrapa un libro, lo dejo, no soy disciplinado. Había 2 colecciones en mi casa que me marcaron como lector y presumiblemente como escritor también. Uno sobre mitología griega y otro de relatos bíblicos. Y me encantaban, cuando tenía 7 años. Me leía “Prometeo y el Fuego” o un relato de Apolo y también los relatos biblícos hechos para un lector adolescente como David contra Goliat, José y sus hermanos. Me fascinaban y las leía una y otra vez. Y me condujeron a ser un lector y a querer también escribir. Y cuando ya fui creciendo vi que había tal riqueza en tradición oral en América Latina que te invita e incita a explicar historias. Oyes a la gente y tú también quieres contar la historia. Empecé a escribir muy joven, ya te digo, y no he parado.

PL: Mencionas la cuestión bíblica. Eso se nota en tus libros: “El Salmo de Kaplan” y en “Vulgata Caribe”. Es importante para ti.
M.S.: Sí. Yo soy absolutamente laico, mi familia ha sido bastante laica, pero la Biblia como libro me parece fascinante, no sólo los relatos, me gustan los libros que no son narratives como el “Eclesiastés” o el Libro de Job, siempre es un motivo de inspiración. Este libro, p. ej., el que presento hoy “Vulgata Caribe”. Vulgata es la traducción al latín de la Biblia. Muchas veces veo la vida con ojos bíblicos. Empecé a hacer unos trabajos periodísticos y todo lo veía en clave bíblica. Como la Biblia me apasiona tanto y cuando alguien me contaba en un pueblito “nosotros estamos aquí pero antes vivíamos al otro lado del río” yo ahí veía el diluvio universal, la transumancia, el éxodo. Y de ahí surge este libro realmente, de las historias que me contaban y que yo hacía un paralelismo mental con la Biblia. No artificioso, sino que el ojo al ver esas historias ya era un ojo bíblico. Y en el libro de Kaplan también hay una serie de referencias a la Biblia. Y ahora estoy preparando un libro sobre el paramilitarismo en Colombia en que también estoy jugando en que el personaje, es muy parecido al rey David. No es que trate de imitar ni de hacer versiones de la Biblia, sino que es el ojo bíblico.

PL: La forma y el fondo. ¿Es importante para ti hacer este balance? Forma: en referencia al artífice literario. Fondo: que le llegue al lector. ¿Crees que ese balance es posible?
M.S.: Personalmente creo que es posible. La prueba es Cervantes, El Quijote. Una forma maravillosa y un fondo insondable. En mi caso no lo busco. No racionalizo tanto literatura. No estudié literatura, soy de ciencias. No reconozco influencias en mi literatura. Tengo escritores admirados por mí, pero no reconozco una influencia concreta. Creo que hay parte de un lenguaje periodístico, accesible. No me gustan los recursos artificiosos, los detesto profundamente. Siempre trato de que si voy a publicar algo quiero que tenga un fondo. Hay gente muy talentosa que puede tener una idea genial a través de una anécdota, la escribe y crea un cuento bonito, pero mi aproximación a la literatura no es esa. Me tiene que remover por dentro, algo muy importante por mí. Tal vez quizá por eso no escribo un libro cada año. No quiero compromisos editoriales que me obliguen a hacerlo y eso que he tenido esta oferta también. Respeto a los prolíficos, gente hábil que tiene brillantez para a partir de una ocurrencia tejer una historia.

PL: Has citado ahora El Quijote. Si miramos la figura de Jacob en el Salmo de Kaplan y vemos también a Contreras, hay como una relación con el Quijote ¿verdad?, ¿lo pretendías o se dio cuando estabas escribiendo?
M.S.: Sí, es evidente, pero surgió sin pretenderlo. Yo empecé a hacer ese libro con el personaje de Jacobo Kaplan un poco inspirado en mi abuelo, pero no exactamente, y esa aventura la iba a vivir con su nieto – conmigo - y ese nieto era un estudiante que le encantaban las historias de detective. Y de repente en algún momento dado no cuadraba. Esa pareja a mí no me funcionaba. Y me acordé de un hijo de un señor a quien mi abuelo le ayudó mucho cuando él tenía la zapatería, este señor era vendedor ambulante que estacionaba su puesto de zapataos enfrente, le hacía competencia a mi abuelo pero mi abuelo lo quería mucho. Y al hijo de él mi abuelo le ayudó mucho a que estudiara. Y de ahí surgió el personaje, lo puse como policía y uní esos dos personajes. Y en los diálogos entre ellos vi que sí había algo quijotesco, y a partir de ahí derivó bastante en un guiño al Quijote, pero inicialmente no lo había pensado.

PL: Bellavista, ¿Barranquilla no? Parece un mundo “macondiano”. ¿Tiene similitud?
M.S.: Puede haberla, pero no era mi pretensión. Evidentemente hay un paso que también se da en “Cien años de soledad”, el paso de una sociedad agraria. En “Cien años de soledad” Macondo es uno solo pero realmente hay una parte agraria inicial y después se convierte en la ciudad. Márquez no lo ha dicho nunca públicamente, pero se sabe que el primer Macondo cuando todavía es una aldea él se está refiriendo a Aracataca su pueblo natal y la segunda cuando ya están sus amigos y el personaje el sabio catalán, Ramón Vinyes, esa parte ya se refiere a Barranquilla. Y en mi libro hay una similitud. Surge de una situación agraria y rural y desemboca en la creación de un barrio periférico, marginal. Y esa puede ser una similitud, por lo demás, no tengo desafortunadamente la brillantez de García Márquez ni la pretendo tener, no es una obsesión tenerla, mis apetencias literarias van por otro lado pero no la tengo, y mi intención literaria es diferente. Márquez en “Cien años de soledad” me da la impresión de que cuenta una historia latinoamericana desde la burguesía. La familia Buendía es burguesa. Yo en “Vulgata Caribe” estoy rascando más abajo, la gente que se ve necesitada de mudarse de sus pueblos para crear un future mejor. Salvo ese juego de un mismo sitio al poner dos escenarios el rural y el urbano, no le veo.

PL: Al día de hoy muchos dicen que es un error otros dicen que es una realidad: los escritores mexicanos son hijos de Pedro Páramo y los escritores colombianos son hijos de Aureliano Buendía. ¿Qué piensas?
M.S.: Yo creo que no. Admiro profundamente a García Márquez y de hecho creo que sí hizo un daño involuntario a la generación siguiente; lo apagó, lo eclipsó todo. Hubo una generación muy buena que le siguió, pero que no es conocida. Incluso alguien que nació un poquito después de él: Germán Espinosa que escribió un libro prodigioso “La tejedora de coronas” nadie sabe ni que existe. Después de eso la gente empieza a sacar cabeza y ahora en Colombia hay varios tipos de escritores: los que están permanentemente en guardia para que no se les relacione con García Márquez e incluso hablan mal de él; están los que siguen su estela, que también son respetables pues Márquez es un maestro y por qué no habría que tomar las mejores lecciones de un maestro; y hay otros, entre los que me incluyo que respetándolo mucho -y hay muchos como yo- vemos que nuestras inclinaciones van por otro lado y se vive con naturalidad el hecho de García Márquez. No se piensa ni en romper con él ni en imitarlo. Se está abriendo una corriente vigorosa de creación literaria en Colombia de gente que no tiene relación con García Márquez y a la vez lo respeta. Pero es cierto que surgieron o los imitadores o los que querían romper a toda costa con él. Y yo creo que ninguna de las dos cosas es buena; cada escritor debe encontrar su propia voz, pero eso sí yo soy partidario de respetar siempre a los maestros.

PL: Dentro de este contexto, crees que el “realismo mágico” ha perdido vigencia.
M.S.: Nada que sea bueno pierde vigencia. Por ejemplo, el escritor indio Arundhati Roy escribió “El libro de las pequeñas cosas”. En este libro hay mucho de sustrato de García Márquez. Es un libro magnífico. Otro ejemplo: el realismo. Hay gente que criticaba el Salmo de Kaplan, decían que era una novela realista pero lo decían casi peyorativamente, como que se quedó viejo. Y hay otros que escribieron en artículos que esta obra demuestra que el realismo todavía es posible y sí se puede trabajar en él. El realismo mágico es una etiqueta de fuera de América Latina. Esto se puso en Europa. “Cien años de soledad”, por ejemplo: yo lo hubiera leído con más naturalidad que con la que la leyeron los europeos. Te pongo un ejemplo, un clásico de “Cien años de soledad”: “Remedios subió al cielo”. Y se dijo que es realismo mágico. Pero eso es lo que siempre se decía en Barranquilla cuando una chica menor quedaba embarazada de padre desconocido y la mandaban al pueblo de sus tíos y le decían a la gente que se murió y se fue al cielo. Es decir, García Márquez lo que hace es coger esa figura y convertirla en motivo literario. Yo no hubiera visto esto como una novela realista. Pero eso depende desde qué ojos se mira. Las etiquetas las ponen de afuera, pero yo creo que nada ni pierde ni gana vigencia si logra ser atractivo. Otro ejemplo: el cubismo en el arte. Tuvo un momento, perdió vigencia, de acuerdo, pero estuvo de moda en una época por cuestiones comerciales y demás. Y tal vez ahora alguien decida retomar el cubismo y darle otro enfoque, otra visión y se nutrirá de él y hará una obra más atractiva. O Lucien Freud y sus retratos. Veo cuadros de él con la misma devoción con la que veo los cuadros de Velázquez o de los pintores flamencos. Nada pierde o gana vigencia, sino que depende de si está bien o mal contado y expresado.

PL: Volviendo al “El salmo de Kaplan”. ¿Tú conociste al profesor de alguna forma? ¿Estuvo en tu infancia? ¿Tú escuchaste por ejemplo noticias de nazis en Suramérica? Como Eichmann …
M.S.: Todo eso formó parte de la fantasía de un infantil allá. El caso Eichmann se comentó mucho en todas las comunidades judías. “El alemán”, sí. Yo recuerdo que había una playa que se llamaba Salgar y había un restaurante allí, el más lujosito, tampoco era un gran restaurante, pero era una casa bien hecha, no una cabaña como las demás. Y ahí estaba “el alemán”, todos le llamaban “el alemán”. Yo me inspiré en él para ese personaje. Y en cierto momento cuando yo era pequeño escuché por ahí -porque oía las cosas vagamenteque el padre de uno hablaba con un amigo y supe que lo investigaron para ver qué era, pero llegaron a la conclusión de que era un profesor de un instituto alemán que llegó allá antes de la guerra como llegó mi abuelo. Era un tipo ajeno totalmente a todo eso y ya lo dejaron tranquilo. Yo me quedé con esa historia y la convertí en mi novela. Hay muchos recuerdos de infancia en ambos libros que brotan y yo creo que eso ocurre con cualquier creador de interioridad; es decir: hay escritores que escriben sobre lo externo totalmente y quién sabe, tal vez algún día yo también me vuelva así, un Vargas Llosa, por ejemplo, que escribe sobre la abuela de Gauguin en “El paraíso en la otra esquina”. Eso no lo atañe a él personalmente. Es un señor a quien le llamó la atención una historia, se fió de su habilidad literaria y escribió un libro que ha tenido un gran éxito. Eso es una aproximación a la literatura. Escribir sobre algo externo, interesarte por un tema, fiarte de tu técnica y habilidad –que Vargas Llosa las tiene de sobra- y hacer un libro. Mi aproximación no es esa, tiene que ser algo muy íntimo y por eso afloran recuerdos de infancia. Yo no podría escribir sobre algo totalmente ajeno a mí, no me interesaría, pero ya digo, tal vez dentro de diez años nos volvamos a ver y me digas “quién te ha visto y quién te ve” escribiendo la historia de la tatarabuela de Gauguin. Pero de momento no.

PL: Ahora mencionaste la cuestión de la literatura oral. Cuando uno escribe literatura los diálogos juegan un papel muy importante. ¿Tú crees que se debe transmitir esa literatura oral tal cual es hablada?
M.S.: Eso ya te lo dicta la necesidad de la obra que estás haciendo. Un ejemplo –volviendo siempre a García Márquez- decía él, le tengo pánico a los diálogos porque es muy difícil llevar la oralidad. Tenemos que pensar que en sus libros los personajes apenas dicen una palabrita. García Márquez te lanza una parrafada larga y después de cinco años dijo: “mierda”. No se mete en el lío del diálogo. No es fácil hacer diálogos. A mi personalmente sí me gusta mucho utilizarlos y trato de recoger el sonido de los diálogos, por ejemplo en el libro de “El salmo de Kaplan” lo usé mucho, porque lo consideré fundamental en esa obra. Para demostrar la dicotomía entre Kaplan y Contreras tenía que servirme del diálogo, para ver cómo hablaba uno recurriendo, por ejemplo, a refranes, el hablado más vulgar y el otro con su tono bíblico. Para mí era importante recogerlo y traté de ceñirme a la forma en que hablan de verdad. A mí me pasa, por ejemplo, que yo crecí en una zona del Caribe en la que la tradición oral es tan vigorosa y potente que te zumba en los oídos; entonces la tengo muy viva y disfruto mucho recogiendo los diálogos en los libros.

PL: Esto es interesante, porque fuera de ese contexto, digamos, tú eres colombiano, llevas 22 años en España, o sea eres español también y también tienes raíces judías. Es una mezcla, sin duda. El Caribe nos lo imaginamos con mucho color, exuberante. Pero luego si pensamos en tu otro lado, el judío, es mucho más racional. Y de ahí, tu literatura ¿también es una mezcla?
M.S.: Sí, yo creo que no sólo en el tema en sí, sino a la hora de trabajar los textos. Soy una persona muy racional al escribir y al preparar el texto. Primero monto una estructura que después en realidad va cambiando. Yo lo noto en la forma mía de trabajarliterariamente y evidentemente es un choque cultural apasionante este racionalismo judío centro-europeo y el Caribe que es todo exuberancia. De eso surjo yo y otros que han tenido esta cultura –a mi juicio- apasionante. Y he tratado de recoger esos dos choques en Kaplan: eso está manifestado en la pareja de Kaplan y Contreras. Y yo creo que es un mestizaje que se da sin ningún problema. A veces yo trato de explicarlo en Europa, cuando he dado alguna charla en Madrid, les digo que yo tuve la suerte de haber nacido en Barranquilla que yo siempre afirmo que es la ciudad más cosmopolita del mundo, a diferencia de Cartagena. Barranquilla es como una tierra de nadie, es un melting point neoyorquino, porque ha llegado gente de todas partes, árabes, italianos, judíos. Esta simbiosis judío-caribeño se vive con absoluta normalidad, porque en Barraquilla me acostumbré de niño a que el verdadero contacto con el otro no es la tolerancia. En Europa la gente se siente orgullosa de ser tolerante. Pero en Barranquilla somos indiferentes, que es el grado máximo de la tolerancia. Entonces yo viví en la indiferencia ante el hecho exterior y se dio esa simbiosis cultural. Mi padre que nació en Tel Aviv comía comida centroeuropea cuando iba a visitar a sus padres y luego se comía una arepa de huevo en Barranquilla. Cuando yo celebré los 13 años, la gran fiesta solemne la “Bar Mitzvá”, yo recuerdo que fui a la sinagoga, me volví adulto en la comunidad, pero luego la fiesta en el club fue con vallenato y salsa, no con música judía. Es un mestizaje muy curioso, pero se asume bien.

PL: ¿Cómo miras el mestizaje en Tel Aviv? Tel Aviv es una ciudad muy viva, día y noche, muchos inmigrantes. ¿Tiene algo latino, Tel Aviv?
M.S.: Curiosamente estuve hace poco y viví hace mucho tiempo allá, pero Israel ha cambiado muchísimo. Tel Aviv es muy mediterránea, y decir medititerráneo es en parte caribeño, porque el mediterráneo fue en su momento el melting point universal. Venían griegos, romanos, cartagineses. Tel Aviv hoy en día es muy mediterráneo, pero curiosamente están llegando muchos latinoamericanos no judíos. Es un fenómeno Nuevo allá y ves que tienen sus papeles y los oyes hablar en hebreo. Normalmente ocurre lo mismo que pasa en España, trabajan en labores domésticas, en la construcción, en trabajos de menos cualificación intelectual. Pero es un fenómeno que era impensable cuando yo viví allí. Cuando estuve viviendo en tel Aviv eso era una mezcla total de nacionalidades e idiomas, eso era una Babel impresionante que me fascinaba. Como me fascinó Madrid. Yo cuando llegué a Madrid no había extranjeros. Cuando me nacionalicé en el 91 me obligaron a cambiar el nombre de Marco a Marcos, porque Marco no estaba en el santoral. Imagínate lo que ha cambiado España. Ahora hay Jennis, Danubis y Osiris, y todos estos nombres latinos que inyectamos en el registro español. A mí me encanta la mezcla, la confluencia de culturas.

PL: Colombia ahora está viviendo una transformación auténtica, dicen. La muerte de ‘Tirofijo’. ¿Tú cómo miras a Colombia?
M.S.: Yo miro a Colombia como un país potente como pocos he visto en el mundo, potente para el bien y potente para el mal, para la destrucción y para la creación. Un país de una fuerza tremenda. No sé si conocéis Colombia. Hay una fuerza que te contagia. Colombia es un país que ha vivido atormentado por la violencia; la violencia a su vez ha sido causada por la injusticia, hay mucha injusticia social, no sólo en Colombia, en toda América Latina, pero en Colombia la gente se reveló, se crearon guerrillas, las guerrillas degeneraron en
grandes organizaciones criminales. Por otra parte el estado ha sido también muy criminal y para responder a la guerrilla han apoyado ejércitos, escuadrones de la muerte. Entonces es una alimentación permanente de violencia de estado, violencia guerrillera. No soy tan optimista. Ahora hablan de que la muerte de ‘Tirofijo’, de que los paramilitares se están desmontando, pero yo creo que todo esto ya ha creado una tal cultura de violencia que yo creo que se pueden desmontar los paramilitares, pero nacerán otros. Violencia genera violencia y Colombia ha vivido atormentada durante décadas. No ha parado. Y simultáneamente tu vas a Colombia y ves las mayores manifestaciones de valentía, de organización social que al margen del Estado sacan adelante barrios. Ves gente de una honestidad y una capacidad de trabajo, ves las artes y la literatura floreciendo. Es un país potente.

PL: Sí, imagina otro país con el problema que tiene Colombia, pero Colombia es un país que sigue adelante, que anda, que tiene artistas, tiene personas que producen empresas, trabajo, arte ...
M.S.: Tiene empresas potentísimas, y viven en medio de un cruce de violencia. Ahora la propaganda oficial es que el problema de Colombia es la guerrilla. No, la guerrilla es uno de los problemas de Colombia y es una consecuencia de un problema anterior. Lo que pasa es que está triunfando ese discurso oficial. Pero yo creo que la gente debería aproximarse y aprovecho esta entrevista para que la gente se aproxime con otros ojos, que se interese más allá de estos mensajes propagandísticos, porque es mucho más complejo el problema de Colombia y reducirlo a que es las FARC pues no ayuda a resolver el problema. Yo creo que las FARC ya derivaron, son una empresa criminal, de secuestros y asesinatos, pero la forma en la que se les ha combatido es triplemente criminal y el Estado no es que esté haciendo demasiado por resolver los problemas estructurales de justicia. O sea, que yo soy escéptico de que se vaya a resolver el problema de la violencia. Hay una cultura ya muy arraigada y no veo la forma. La forma de mano dura y de diezmar poblaciones de sustento de la guerrilla que lo que ha ocasionado es casi un genocidio y mucho desplazamiento. Colombia es el segundo país detrás de Sudán con más desplazados. Tiene 4 millones de desplazados. ¿Cuál es la solución? No lo sé. No soy político. En alguna ocasión se me ocurrió decir que tal vez habría que pensar en seguir un poco el modelo de España, de los pactos; unos pactos que hubo después de la muerte de Franco, los pactos de la transición. Pero lo que no sé es cómo se puede lograr.

PL: Muchos hablan de hacer el proceso que hizo Centroamérica: Salvador, Guatemala, es decir, integración política de los grupos armados. ¿Tú crees que es posible integrar políticamente a estos grupos armados?
M.S.: Yo creo que todo con buena fe debería ser posible. Pero es que ya hubo una experiencia así en Colombia que fue la Unión Patriótica y trató de entrar en la vida política y la fueron matando uno por uno hasta que llegó al liderazgo un viejo amigo mío de Barranquilla, un chico joven con ganas de hacer política, se llamaba Pepe Antequera, y lo mataron también. Fue el último de la cadena; fue subiendo porque mataron a todos y llegó al liderazgo. Era un chico –a mi juicio- normal con el que se hubiera podido llegar a cualquier tipo de búsqueda de solución, era un tipo con ganas que amaba la vida, era rumbero, le gustaba la vida y ya esa experiencia la hubo. Mataron a Carlos Pizarro, León Gómez, mataron a muchísimos, uno por uno. Así pues hay mucha desconfianza. Por otra parte la guerrilla de Colombia, las FARC, por ejemplo, son tan sólidas que dudo que el día de mañana vayan a decir “bueno, ya les creemos, vamos a entregar las armas”. Se han acostumbrado a ver que las armas les dan poder, se han acostumbrado a vivir una forma de vida que ya es su familia. A esas personas tú cómo les vas a decir baja del monte, quítate el uniforme –el uniforme militar te hace sentir, desafortunadamente, más fuerte-, te dan un rifle, tienes agua caliente –las FARC tienen agua caliente, en cambio la gente pobre de Bogotá no tiene agua caliente-, dile a esa gente bajen del monte para tener que trabajar en una fábrica y ganar el salario mínimo, coger tres autobuses para llegar al trabajo para que te traten como a una basura. Y claro dicen “oye, yo me quedo aquí en el monte”. Entonces la solución yo no creo que sea sólo “ven e intégrate”, sino buscar formas justas de crear una sociedad para los que están en el monte y para los que no se han ido al monte, que también tienen derecho. Ojo, no se trata ahora de premiar a los que han estado tirando balas y no ayudar a los que no han estado tirando balas. Pero yo no soy ni economista, ni político y no sé cuál es el mecanismo, pero es lo que yo quisiera para que se acabara esto y desde la convicción de que todos son culpables y responsables. Eso es lo único que añadiría yo a este debate. No es que FARC = malo y Estado = bueno. Todos son culpables, todos son responsables.

PL: Muchos critican que esa literatura del terrorismo está gastada en Perú. En Colombia tú crees que es algo de lo que se pueda trabajar mucho?
M.S.: Volvemos a la misma pregunta que me hicisteis si eso ya pasó con el modelo mágico real. Es decir: en Colombia se ha hecho mucha literatura sobre los fenómenos de la violencia. Curiosamente sobre la guerrilla no. Se ha hecho mucho sobre el narcotráfico, de la violencia del mundo y del mundo del paramilitarismo, por ejemplo “Rosario Tijeras” de Jorge Franco que fue llevada al cine; es del mundo del sicariato paramilitaroide. Del narcotráfico también se ha hecho; de la violencia doméstica tenemos a Gamboa con “Perder es cuestión de método”. Yo creo que no está gastado, es más, yo creo que los grandes libros sobre este momento todavía no se han escrito. Es como con la Guerra Civil española. Se escribieron en su día algunos buenos libros y muchísimos malos y de repente ha habido un ‘revival’ en los últimos años ya casi hasta el hartazgo de la Guerra Civil, como pasa siempre en todo: la mayoría de las cosas son malas y hay algunas cosas dignas de ser recuperadas, pero tal vez las mejores cosas sobre este momento que vivimos estén por llegar. Y para eso la distancia es muy importante. No digo que no puedas hacer algo inmediato y en el sitio; todo es posible. A mí no me gusta sentar cátedra con nada, no quiero decir que sólo con distancia temporal y geográfica puedas escribir un buen libro, pero yo creo que ayuda. Alejarte de aquello y por eso creo que aún está por venir la gran literatura de estos terribles momentos.

PL: Esta tarde usted presenta la traducción al alemán de su primera novela “Vulgata Caribe” de la que leerá partes de la obra el traductor Peter Schultze-Kraft. Él es un traductor muy reconocido por haber traducido obras de autores colombianos (es el traductor de Gabriel García Márquez) y por ser el promotor de literatura colombiana en el mundo germanoparlante. De todas formas, él no es el traductor de “Vulgata Caribe”, sino que el traductor es Jan Weiz. Jan Weiz también ha trabajado con Peter Schultze-Kraft en varias traducciones de autores colombianos como Tomás González. Llegamos a este punto, porque leí unas declaraciones tuyas de hace dos años en las que manifestabas que te enteraste de la existencia del escritor colombiano Tomás González hacía apenas unos tres años a través de Peter Schultze-Kraft. Y añadiste que después de leer las obras de Tomás González te pareció que acababas de descubrir un escritor monumental, pero que lamentablemente era prácticamente desconocido en su propio país. Y te preguntabas que cómo podia ser eso posible. ¿Podrías contestar a día de hoy cómo puede ser posible eso?
M.S.: Me pareció increíble. Ahora está empezando a tomar autoridad a raíz de una bulla que armamos unos amigos y yo a través de mi premio. Yo había perdido el contacto con Colombia, estoy muy volcado en la vida española, soy periodista en un periódico catalán y me había distanciado mucho de Colombia. Este premio que gané, felizmente me volvió a acercarme de nuevo a Colombia. Y fui y Peter siempre me había hablado de Tomás González y yo nunca había oído hablar de él. Llegué a Colombia y hablé con otra persona, Moisés Melo, un tipo muy culto y le dije que me recomendara cinco escritores, y me dijo: Tomás González, Tomás González, Tomás González, Tomás González y Tomás González. Así que compré los libros de Tomás y me los traje de vuelta a Madrid. Y fue una revelación, es un escritor formidable. Y entonces yo me pregunté pero qué pasa aquí: no se le conoce. Él ha vivido mucho tiempo fuera; también hay razones objetivas, vivió muchos años en Nueva York, creo que era traductor en la ONU si mal no estoy informado, y él es una persona muy singular: vive en un barrio alejado de Bogotá, no sale, no da entrevistas, no le gusta el mundo de la farándula literaria. Pero yo creo que eso no debería de ser un obstáculo para que no se conociera la obra. Tú puedes quedarte ahí, pero que alguien se interese. Para mí sorpresa nadie lo conocía y cuando yo fui a un un festival literario muy importante que se llama “Hay Festival” que se hace en Inglaterra y ahora se ha empezado a hacer en Cartagena de Indias. Me invitaron y yo tenía que promocionar mi libro para eso había acudido, pero yo le dije a mi presentador que era un gran amigo mío y a otro barranquillero que coincidió con Tomás González en la ONU, nos pusimos de acuerdo para hacer un operativo de rescate de Tomás González. Entonces en la entrevista que me hizo mi amigo Ernesto, era un coloquio, terminamos sin hablar de mi libro; entonces nos pusimos a hablar de Tomás González y a decir que este mundo literario en Colombia es
una basura, que como no tienen en cuenta a Tomás González, etc. Y varios periódicos luego anunciaron “denuncian la no invitación a Tomás González en el Hay Festival”, e hicimos mucho ruido. Y cuando fui a Bogotá le dije a Moisés Melo que quería conocerlo y lo fui a visitar a su casa. Él en parte no sale porque su mujer tiene una enfermedad tremenda, entonces él vive consagrado a su mujer y a la literatura. Y a parte él es muy reservado. Y es una persona muy tímida y callada e incluso después de todo esto vino un señor colombiano que se llama Plinio Apuleyo Mendoza que le gusta mucho muñir políticamente, hacer cánones de literatos, quien es escritor y quien no, él siempre se incluye –como no- como los grandes e hizo los “Cien escritores de Colombia” y no metió a Tomás González. Y para mi alegría –yo ya estaba en Madrid de vuelta- se formó un debate grandísimo diciendo que no estaba validado ese libro porque no había incluido a Tomás González. Entonces eso me complace mucho. Para mí eso fue un hallazgo y eso te demuestra que en el mundo no todo es «márqueting» y comercio que puede haber gente trabajando muy en la sombra, haciendo cosas maravillosas; claro que también hay gente conocida haciendo cosas fantásticas, pero habría que estar más atentos a lo que se hace y no dejarse deslumbrar por el brillo inmediato. Eso es una lección, y para mí ahora –a mi juicio- es el mejor escritor que hay ahora en Colombia. Tengo entendido que el Embajador
de Suiza en Colombia le organiza una cena, porque vive enamorado literariamente de Tomás González, eso me contaba Peter Schultze-Kraft. Yo no he tenido la ocasión de ir, porque no vivo allá, pero dice que desde que fue traducido, el embajador suizo organiza una cena una vez al año en honor de Tomás. Son casos curiosos. Y Colombia pues aún no ha aprendido y eso es raro.

«Tomás González el secreto mejor guardado de la literatura colombiana» en Piedepágina – foto @ Peter Schultze-Kraft
LITERATURA
Marco Schwartz: «Tomás González es para mí el mejor escritor que hay ahora en Colombia» ...

PL: De tus obras, se han traducido al alemán esta primera novela “Vulgata Caribe” que acaba de editarse en abril del presente año y anteriormente se tradujo al checo y al eslovaco el ensayo “Los amores en la Biblia”. ¿Por qué se decidió traducir la obra a estos dos idiomas tan poco ‘usuales’ como primer encargo de traducción?
M.S.: Yo lo edité con “Temas de hoy” que es del grupo Planeta y ellos tienen los derechos y se interesaron ellos, pero yo he quedado con la misma inquietud y nunca lo he entendido. Sólo en checo y eslovaco. Luego se hizo una edición especial en México, pero lógicamente en castellano que lo repartieron con una revista “Muy interesante”, pero lo de al checo y al eslovaco siempre me ha llamado la atención del porqué. No sé, me hubiera parecido más lógico que se hubiera traducido al polaco, un país muy católico, pero la verdad es que para mí siempre ha sido un misterio, es lo más raro que me ha pasado.

PL: ¿Está previsto traducir “Vulgata Caribe” también a otros idiomas? ¿Ya se han puesto en contacto con otras editoriales de francés, italiano, etc.?
M.S.: En “Vulgata Caribe” se interesó mucho en un momento una editorial italiana digamos la más grande que se llama Feltrinelli, pero entonces me mandaron a decir que si tenía en ese momento otra más, porque ellos querían apostar no por un libro, sino por un autor.
Esa es otra de las cuestiones que yo no comparto en los tiempos que corren: nos quieren convertir como en mercancías. Es decir, hoy día si tu haces una novela el editor quiere saber quién eres tú, cuantos años y cuánta vida útil tienes para exprimirte literariamente y si tienes más libros para que la inversión de la publicidad tenga una continuidad y se pierde la apuesta por el libro. Yo no importo, lo que importa es el libro. Por ejemplo: Andrea, de Rotpunktverlag, se interesó por “Vulgata Caribe” y por la segunda no, aunque le ha gustado dice que no le encaja en su línea y a mí me parece bien que le guste un libro y apueste por un libro, de eso se trata la literatura. Nos quieren convertir en autores y lo que importa es el libro. Entonces esas son lecciones que uno va viendo de cómo funciona el mercado. Me ha tocado muchas veces con editores que no citaré por respeto a ellos, pero que tratan de crear un perfil contigo para vender; están en su derecho, pero van creando una etiqueta, piensan si puedes presentar otra novela para un concurso ‘x’, etc. Todo ese discurso comercial que a mí no me gusta mucho. Yo no tengo prisa, yo vivo demi periodismo y cuando tenga algo que decir lo diré, no tengo prisas, no quiero presiones ni compromisos. Así asumo la literatura. De momento, me conformo con leer buenas cosas que todavía hay.

Y bien, apagamos el grabador y nos pusimos a discutir de otros temas, de otras cosas. Y de pronto: ¡Pobres ustedes, tremendo trabajo!, no te preocupes Marco, estamos acostumbrados. El sol sigue su rumbo, todavía hace calor pero las sombras se hacen cada vez más débiles. Muy contentos por el tiempo pasado, satisfechos. Y es que aún no termina, ya que en dos horas será tu lectura, sí sí, aquí cerca, ahí nomás. Pues nos veremos. Pues claro.





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