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MUSICA: Notas de Tango (2)
MUSICA
Así nació el célebre tango «El Amanecer» con música de Fripo
El Amanecer se estrenó en 1910 —

En un entrevista realizada por Francisco García Jiménez a Roberto Firpo en abril de 1964, Firpo contó: „Fue un tango que germinó y se completó en mi mente mucho antes  que el público lo conociese con su título cierto. Lo tocaba de tanto en tanto en solo de piano, en mis tiempos del café-concierto de la Boca, por Suárez y Necochea. Pero, como allí improvisábamos casi siempre, y la gente se renovaba mucho, pasaba como musiquita del momento.

La melodía informal aún era eso: el amanecer, el despertar de la ciudad industriosa que yo, como músico popular de la noche placentera, conocí a la inversa, regresando al descanso y al sueño. Yo volvía desde la Boca a mi piecita de la calle Rioja, en el tranvía eléctrico N° 43, llamado „El imperial“ por su piso alto con bancos largos. Allá arriba tenía a esa hora el tablerito de „obreros“, el boleto era de 5 guitas y los laburantes felices canturreando, viajaban a sus andamios y a sus fábricas.


Abajo con boleto de 10, los calaveras: mal sabor en la boca, demacrados, bostezando junto con nosotros que le habíamos animado la noche, se encaraban con sus vidas vacías en la vuelta de la farra.


Quise apresar en mi melodía lo uno y lo otro. Pero caminando a solas las cuadras desde la parada del tranvía a mi casa, podían más en mi inspiración la sinfonía auroral de los pajaritos en los árboles y el primer martilleo de las herramientas del trabajo. Después agregué a esos trinos claros y notas vivas al bordón grave, para reflejar el dolor mañanero que sobreviene al placer de los noctámbulos. Tocaba entonces con mi trío en las noches tangueras del Palais de Glace, en la Recoleta. Con la calle ancha por medio, donde se abría la avenida Centenario (hoy Figueroa Alcorta), estaba el Parque Japonés. En mis descansos, salía yo al veredón posterior del Palis, y si el vientito venía del río cercano, me traía los brillantes acordes de la gran banda internacional del maestro D’Aló que amenizaba las noches del Parque.“


Cuando Firpo grabó este tango para los discos ERA pasaron tres cosas curiosas:

Firpo no intervino con el piano, no se escuchaban los trinos del violín imitando el canto de los pájaros y en la etiqueta del disco el título – probablemente por error – figura así: Al Amanecer.
El Amanecer hubo muchos arreglos, de la estupenda interpretación de la orquesta Di Sarli hasta Florindo Sassone, desde Juan Gambareri a Miguel Villasboas y al hijo de Roberto Fripo.
Si bien no lo hizo en su primera grabación, poco después Firpo lo grabó con el clásico canto de los pájaros de la mañana imitado por los violines, quedando incorporado este efecto en casi todas las interpretaciones existentes.


MUSICA
«¡Qué noche!», un tango con mucho frío

— Una anécdota publicada por Roberto Selles, periodista e investigador del tango, en la revista dominical del diario Crónica, es reproducida por nuestro colaborador Leopoldo Flumini en la rúbrica «Tango». El 22 de junio de 1918 la nieve cubrió la Capital federal «¡qué noche!». Ver nevar en Buenos Aires es como presenciar el descubrimiento de América ...

— ¿Deseas escuchar más de diez grabaciones de este tango?
— Entra al enlace de «TodoTango».

Hace unos pocos días hablando por teléfono con Buenos Aires la señora de un querido amigo me comentó que el día antes había nevado en Capital Federal. Cosa que nunca pasa, me dijo ella.
Unos días más tarde me acordé de un tango que Agustín Bardi compuso y cuyo título le fue sugerido por Eduardo Arolas: ¡Qué noche!
El 22 de junio de 1918 ocurrió un hecho muy insólito: la nieve cubrió Capital Federal. Eso es el hecho.
La anécdota, de la cual como siempre hay diferentes versiones, cuenta:
Ese día habían acudido al hipódromo de La Plata el pianista Agustín Bardi, “EL Chino”, y sus amigos Francisco Castello y Pedro Florito. Luego de la carrera el trío se demoró cenando en una parrilla y emprendió el viaje de regreso en el mismo Ford a bigote en que había ido.
Quiso la suerte, o la mala suerte, para hablar con mayor propiedad, que el vehículo se les descompusiera a la altura del Parque Pereyra Iraola. Hallar por aquellos parajes un taller mecánico era cosa imposible. Como si fuera poco, en ese mismo momento o quizá un poco antes … ¡la inesperada nevada!
Ver caer la nieve sobre Buenos Aires es salgo así como haber sido testigo del descubrimiento de América por Colón. De modo que aquellos viajeros deberían estar entre deslumbrados por el inusitado espectáculo y, a la vez, molestos por el frío y el automóvil que no mostraba la mínima voluntad por volver a arrancar.
Bardi pudo haber experimentado cualquiera de las dos sensaciones o acaso ninguna, ya estaba completamente abstraído, tarareando las notas de un tango que se le acaba de ocurrir.
Bardi se encuentra poco tempo después con su amigo y colega Eduardo Arolas en el café T.V.O. del barrio de Barracas. Allí le narró al “Tigre del bandoneón” lo ocurrido durante la nevada camino a la Capital, sin excluir el detalle del nuevo tango que le se había ocurrido y que aún no le había encontrado título. Arolas le dijo: Ponele “¡Qué noche!”, Chino.
No se si después de aquella noche nevó en Buenos Aires, pero ahora sabemos que antes, años atrás, en junio de 1918 había nevado en Capital Federal.

NB: Esta anécdota fue publicada por Roberto Selles, periodista e investigador del tango, en la revista dominical del diario Crónica

MUSICA
Origen del nombre del tango «Tinta verde»
Unos tangos de Agustín Bardi (1884 – 1941) llegaron al público en 1914, cuando él actuó con Eduardo Arolas.
Se tocaba prácticamente de memoria por entonces, luego de una ligera leída, por lo general de un original en borrador, y casi siempre sin título.
En algunas circunstancias, Bardi, tan celoso de la calidad de sus composiciones, dejaba deliberadamente de lado ciertos tangos que luego de ser estrenados no alcanzaban a satisfacer su gusto artístico.
Pero uno de esos tangos suyos, que Bardi prefirió no seguir tocando, le había gustado mucho a Arolas, quien ante la distraída indiferencia de Bardi, que alegaba haberlo traspapelado entre tantos borradores, aclaró concretamente: „Aquel tango sin título que tenías escrito con tinta verde“. Así le quedó Tinta verde a una de las paginas más representativas de Bardi, cuya edición original lucía en la portada una intencionada ilustración del propio Arolas, que era también un hábil dibujante.
A propósito de aquella tinta verde: Bardi trabajó, hasta la jubilación, en una empresa comercial „La cargadora“, en Bolivar 375, casi esquina Belgrano. Tinta verde era la que él usaba para señalar y numerar convenios comerciales entre remitentes y consignatarios. Con esta tinta, en un improvisado pentagrama delineado al reverso de una de aquellas planillas, comenzó a puntuar el orden armónico de las corcheas del nuevo tango ....

Como es de costumbre en el tango hay más de una versión para la misma historia.
Se cuenta que en una oportunidad Agustín Bardi es visitado por un famoso poeta de tango, y se origina el siguiente diálogo: “¿Chino tenés alguna composición para que le ponga letra?” a lo que Bardi le contestó creo que si, y comenzó a buscar entre sus papeles, y encontró una música que había hecho hace un tiempo, y le dijo toma, hice esto. El visitante observó que no había título, y le preguntó: ¿Bardi … como las titulas? Y Agustín dado que desde su época de empleado del Ferrocarril usaba la tinta verde para escribir, no se le ocurrió mejor título que el color que tenían las letras y así nació el tango: “Tinta Verde”.
Leopoldo Flumini © profesor de tango para PL.
http://www.todotango.com
MUSICA
Tango disfrazado de gaucho
— En una película del 1926, «El hijo del sheik», Rodolfo Valentino, el primer ídolo masculino de la historia de la cinematografía, baila tango disfrazado de gaucho argentino. ¿Tiene el gaucho algo que hacer con el tango argentino? A esta pregunta responde nuestro colaborador Leopoldo Flumini, profesor de tango, citando a Luis Adolfo Sierra, en su conocida obra de 1996: «Historia de la orquesta típica».

Escribe Luis Adolfo Sierra en su «Historia de la orquesta típica» editada en 1966: «Un acontecimiento significativo para la difusión del tango en el extranjero lo constituyó el viaje que la orquesta de Francisco Canaro realizó en 1925 a Francia. La orquesta estaba integrada por Francisco Canaro y Agelisao Ferrazzano (violines), Carlos Marcucci y Juan Canaro (bandoneones), Fioravanti Di Cicco (piano), Rafael Canaro (contrabajo) y Romualdo Lo Moro (batería). El anunciado debut en el «Florida» de Montmatre tuvo una inesperada alternativa: el sindicato de músicos franceses se opuso a que la orquesta de Canaro hiciera su presentación como simple conjunto musical. Era necesario que revistiera las características de número de atracción, evitándose la competencia de trabajo respecto de los músicos franceses. Se le ocurrió entonces a Canaro indumentar de gauchos a los músicos de su orquesta, incorporando además la cancionista Asprela vestida de paisana. Se había salvado así el escollo sindical del momento, pero quedaron identificadas las orquestas típicas argentinas por su vestimentas gauchescas.”

MUSICA
TANGO: ¿Porqué se llama «Orquesta típica»?
— Corre el año 1911. El éxito de Vicente Greco, famoso bandoneonísta y compositor, se extiende del café «El Estribo» a los bailes del salón «San Martin» ubicado en Rodríguez Peña 344, en el salón «La Argentina», el cual todavía existe y, me acuerdo, que hasta unos años atrás se bailaba todavía tango. En aquel período sobrevino un acontecimiento muy importante para la historia del tango. La Casa Tagini, instalada en Av. de Mayo y Perú, que impulsaba la incipiente industria fonográfica contrató a la orquesta de Vicente Greco para la grabación de tangos de su repertorio. Fue entonces necesario adoptar una denominación genérica que identificara el conjunto.
Antes que existieran orquestas solo para la ejecución de tango, los bailes populares eran amenizados por bandas, rondallas y conjuntos musicales de variada composición y heterogéneo repertorio danzante. Se ejecutaban polcas, valses, chotis, tarantelas, pasodobles y, naturalmente, tangos. ... Dado que las orquestas exclusivamente de tangos tomaban importancia y eran requeridas para desarrollar una difundida labor fonográfica, se imponía establecer el distingo necesario.
Greco adoptó entonces la denominación de «ORQUESTA TIPICA CRIOLLA», cuya expresión luego se redujo a «ORQUESTA TIPICA» con la cual se distinguen todavía los conjuntos dedicados a la ejecución de tangos. «Típico» es lo que caracteriza a algo. «Criollo» entiende decir: nativo. Típica criolla tiene significar entonces que es esencialmente nativa de la ciudad rioplatense. Después de un cierto tiempo sobre esta base se formó la estructura definitiva del llamado «Sexteto Típico» (dos bandoneones, dos violines, piano y contrabajo), cuya decisiva influencia habría de extenderse al período más prolongado e importante de toda la historia del tango.
Leopoldo Flumini para PuntoLatino.
Gráfico: Vicente Greco, fundador de la orquesta típica
MUSICA
TANGO: «Patotero sentimental»
— Los títulos y letras de los tangos «inmortales» son interesantes enclaves culturales para entender a las sociedades de la época. Así la palabra «patotero» (sinónimo de pandilla) se opone a «compadrito» en el lunfardo, pero sólo en la connotación social. Ambos rufianillos hacen fechorías, pero el primero si su salud aguanta puede llegar a ministro, el segundo suele terminar en la prisión o en el hospital.
— «El Patotero Sentimental» es uno de los legendarios tangos que hicieron y hacen historia. Es de Manuel Romero con música de Manuel Jovés. Este tango data de 1922.
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TANGO
«El patotero»
Patotero es el compadrito de buena casa; el niño bien, borracho, mujeriego, bravucón y perdonavidas. El compadre es un obrero que no quiere trabajar; el patotero es el heredero acomodado, que es calavera porque se aburre y no hace nada. El compadre es casi siempre rufián para darse buena vida; el patotero se lanza a mala vida porque le sobra dinero, amistades, influencias para asegurarse la impunidad. Otra característica del patotero es que rara vez obra y daña individualmente como el compadre; el patotero aislado puede ser un buen muchacho. Sólo es temible en patota, cuando a la impunidad que le asegura su plata y su familia, puede sumar la impunidad del número y de la fuerza. Las diferencias de origen ya señaladas, entre el compadre y el patotero, determinan de antemano las diferencias del forzoso acabamiento, al llegar a cierta edad en la que no son posibles ni las farras, ni los camotes, ni los becerros, ni las otras liviandades, que son diversión de compadritos y patoteros. El final del compadre suele ser el hospital o el presidio. El patotero, más protegido y venturoso, suele acabar en un buen empleo del estado, en diputado de la Nación, y hasta ministro.

(Manuel Gil de Oto, La Argentina que yo he visto, 1917. De “El Sainete” por E. M. Suárez Danero, Centro Editor de América latina, 1970)

“El Patotero Sentimental” es el título de un tango con letra de Manuel Romero y música de Manuel Jovés:

Patotero,
rey del bailongo,
patotero,
sentimental.
Escondés bajo tu risa
muchas ganas de llorar.
Ya los años
se van pasando
y en mi pecho
no entró un querer.
En mi vida tuve minas, muchas minas
pero nunca una mujer...

Cuando tomo dos copas de más,
en mi pecho comienza a surgir
el recuerdo de aquella fiel mujer
que me quiso de verdad,
y yo, ingrato, abandoné.
De su amor me burlé sin mirar
que pudiera sentirlo después,
sin saber
que los años al correr
iban, crueles, a amargar
a este rey del cabaret.

¡Pobrecita!
¡Cómo lloraba
cuando ciego
la eché a rodar...!
La patota me miraba
y... ¡no es de hombre el aflojar!

Patotero
rey del bailongo,
de ella siempre
te acordarás.
Hoy ríes... pero tu risa
¡sólo es ganas de llorar!




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