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OPINION: Colombia (2004) trad. del NZZ
POLITICA
«Opinión»
En esta sección publicaremos artículos de la prensa suiza y latinoamericana, juzgados de interés más que por su actualidad, por su contenido a nivel de análisis. Asimismo publicaremos artículos cortos de autores suizos y latinoamericanos, en reproducción, traducción o exclusivos. No publicamos en estas columnas artículos que no sean expresamente solicitados.
NEUE ZÜRCHER ZEITUNG
Ninguna Colombia nueva a la vista
El presidente Álvaro Uribe no parece haber perdido nada de popularidad, después de la mitad de su mandato de cuatro años. Elegido hace unos dos años con más de la mitad de los votos emitidos, se encuentra evidentemente en la misma onda que la mayor parte de sus compatriotas. Se escucha por doquier, con carácter de elogio, que una mano dirigente fuerte se está haciendo sentir. Después de los años perdidos bajo los mandatos de Samper y Pastrana, en los cuales la mafia de la droga, los guerrilleros y los paramilitares afectaran significativamente las estructuras del estado, se escucha decir que los colombianos han recuperado la confianza tanto en el gobierno como en ellos mismos.

Después de cuarenta años de haberse iniciado un conflicto armado permanente, muchos habitantes se sienten, y sobre todo aquellos que viven en las principales ciudades, claramente más seguros. La «política de seguridad democrática» implementada por Uribe hizo frente a los miedos y a las inseguridades, y no transcurrió mucho tiempo para que los colombianos descubrieran nuevamente su libertad de acción y movimiento. El número de secuestros se redujo de una manera significativa, así como también los bloqueos de las principales vías del país por parte de los grupos armados. En Medellín, como lo indicó un columnista hace unos días con asombro, han transcurrido días enteros sin que haya ocurrido asesinato alguno. Las autoridades afirman que ya prácticamente ningún municipio carece de fuerzas propias de seguridad, y que el militar se está viendo involucrado cada vez más en acciones de carácter ofensivo. Los hechos y números objetivos cimentan el sentimiento subjetivo de una mejora. El presidente Uribe ha acumulado, solo con la «seguridad democrática» y en un tiempo relativamente corto, bastante capital político. ¿Está despertando una nueva Colombia?

Un análisis diferenciado de la estadísticas deja ver que en las aseveraciones hechas por el gobierno se encuentra, junto con algunas verdades, también una dosis de propaganda. Algunos indicadores no reflejan ninguna mejora comparándolos con aquellos publicados en los primeros años del mandato del presidente Pastrana. Aún más preocupantes son un par de facetas turbias que la «política de seguridad democrática» contiene, algo que a largo plazo podría tener repercusiones negativas. Si Uribe reduce acaso el conflicto armado a un «reto terrorista», se encuentra hasta el momento paralelo a una tendencia internacional. Está, sin embargo, pasando intencionalmente por sobre las definiciones establecidas en las convenciones de Ginebra, quitándole así importancia principalmente a los problemas que causan el conflicto, reduciendo por consiguiente el campo de juego para la ayuda humanitaria.

Así, tanto las Fuerzas Armadas Revulucionarias de Colombia (FARC), el grupo guerrillero más grande del país, como también las Autodefensas Unidas (AUC), tienen amplias zonas del país bajo su control, en donde se extienden los cultivos de coca y en donde la libertad de acción no existe. Algunas fuerzas de seguridad adicionales en los municipios difícilmente pueden cambiar esto. El comité internacional de la Cruz Roja registró, además de un gran número de bloqueos de pueblos enteros en el año anterior, un sinnúmero alarmante de ejecuciones extralegales, así como también un aumento en la cantidad de desaparecidos. Estas son realidades colombianas que no salen a relucir en las encuestas sobre la popularidad del presidente, llevadas a cabo principalmente en las zonas urbanas.

Son, además, aún miles de personas las que huyen de Colombia a causa de las acciones de guerra o que son expulsadas de su país, sin poder contar con el auxilio de las autoridades nacionales: fue necesaria la intervención de la Corte Constitucional para constatar que en Colombia, los derechos de los desplazados son violados de una manera masiva, general y sistemática, y para nombrar las omisiones del estado por su nombre. La Corte Constitucional también es la instancia que posee la última palabra en cuanto al polémico Estatuto Antiterrorista, con el cual el gobierno pretende ceder competencias bastante amplias al militar, a costa de las competencias de los organismos de control.

Hasta los mismos simpatizantes del presidente advierten sobre la falta de políticas sociales, económicas y de Estado que habrían de sostener la política de seguridad. A veces se oyen voces críticas hasta en las filas militares, los cuales de cuando en cuando, junto con la erradicación de las fuerzas rebeldes, son cargados con tareas adicionales del estado, sin que esto llene el vacío estatal. Y es precisamente de ese vacío de donde la guerrilla y los paramilitares derivan su legitimidad. Creer que la mano dura del presidente reforzaría el estado de derecho y las instituciones estatales, eliminando ese vacío, es una equivocación.

El gobierno se ve desamparado y confuso, por ejemplo, en el trato con los paramilitares de las AUC, con los cuales las negociaciones formales se iniciaron esta semana. La condición para el inicio de los diálogos era en teoría que hubiese un alto al fuego por parte de las AUC, algo que prácticamente no se pudo realizar. La Organización de los Estados Americanos, que fue invitada para aumentar la credibilidad del proceso, ha sido hasta ahora una figura más bien negativa. La meta de las conversaciones es la desmovilización de 15.000 a 20.000 paramilitares para finales de este año. De cómo habrá de ser integrado este ejército a la sociedad, es todavía un punto sin respuesta. Las AUC pasan por ser una organización terrorista. Los representantes de las AUC para los diálogos – los hombres más poderosos de Colombia, como comentó un periodista hace poco – son narcotraficantes, ladrones y criminales, cuyos reclamos político-ideológicos, así como aquellos de las fuerzas guerrilleras, ya se han vuelto demasiado transparentes.

Las contradicciones en las que el gobierno se ha sumido en el trato con los paramilitares a causa de una política de paz incoherente, no causan mucha confiabilidad. Hasta ahora, al parecer, la negociación de Uribe con los paramilitares se asemeja a aquella – finalmente fallida – negociación del presidente Pastrana con la guerrilla. E insólitamente fue justamente un general retirado que hace poco comentó en un artículo de prensa los puntos, en los que el gobierno aparenta estar en la cuerda floja: el descubrimiento de la verdad, la reparación para las víctimas, y una justicia que no implique impunidad absoluta. Habría sobre todo el continente latinoamericano suficientes ejemplos de cómo no se debe afrontar el pasado.

Habría también suficientes ejemplos de cómo no se debe proceder en el tema de la reelección presidencial consecutiva que Uribe trajo a la mesa. La profesionalidad no es uno de los puntos fuertes de Uribe. En sus esfuerzos por introducir la posibilidad de reelección consecutiva, está sometido sin remedio al diletantismo. Un periodo de cuatro años es naturalmente demasiado corto, y una reelección traería consigo evidentemente también ventajas. Esta sería, sin embargo, únicamente justa, si el presidente no cambiase las reglas en mitad del juego para beneficiarse él mismo, sino si introdujese las disposiciones solamente para sus sucesores. Pero también así, dada la ausencia del sistema de «checks and balances» en Latinoamérica, la posibilidad de reelección directa sería delicada.

Los medios que ha utilizado Uribe para reformar la constitución demuestran que él, como en el caso de Fujimori en Perú y el de Menem en Argentina, no persigue en primer lugar los intereses nacionales, sino que busca mantenerse en el poder, también «comprando» a los diputados con complacencias y dando cargos de renombre a los familiares de los mismos. Aunque estas prácticas puedan parecer positivas, son un clara señal de que también este presidente, proveniente de una familia ganadera y antiguo gobernador del Departamento de Antioquia, y que hasta ahora no ha sido más que un político, no inventará ninguna Colombia nueva.

Neue Zürcher Zeitung, 3-4 de julio 2004, título original «Kein neues Kolumbien in Sicht», de nw.
Traducción: Martín Cortázar-Müller
Derechos reservados © del NZZ, concedidos especial y expresamente para esta traducción. http://www.nzz.ch/copyright/index.html
 
NEUE ZÜRCHER ZEITUNG
Las dos caras de Cartagena de Indias
por Nicoletta Wagner
Patrimonio colonial en la costa Caribe colombiana
Cartagena es entre las perlas del Caribe, sin duda alguna, una de las más bellas. La parte colonial de la ciudad en la costa colombiana del Caribe, circundada por gruesas murallas, se encuentra bajo protección por parte de la UNESCO. Cartagena posee, sin embargo, una otra cara no vista en las tarjetas postales: es la ciudad grande más pobre del país.
El hecho de que tanto grupos paramilitares como guerrilleros hayan dejado a Cartagena de Indias en cierta medida intacta, puede explicarse en parte por la existencia de sólo una entrada principal a la ciudad desde la zona rural, que se encuentra bajo estrictos controles de seguridad. Cartagena, con su gran número de islas y penínsulas, apunta hacia el mar de diversos azules. La ausencia de cerros y montañas rodeando la ciudad representa una cierta vulnerabilidad hacia posibles intrusos. Aunque estos ya hayan hecho el intento de entrar a la ciudad, han fracasado, dice Alfredo Rafael Barboza. No ha pasado mucho tiempo desde el atentado fallido contra el viejo edificio de aduanas, al inicio de la toma de posesión del alcalde Barboza en enero. Hallazgos de droga causan de cuando en cuando que el nombre de la ciudad portuaria aparezca en los titulares. La fama de ciudad tranquila y segura en un país acosado por la violencia común y política que tiene Cartagena, no se ve afectada, sin embargo, por estos titulares. Es denominada «La Heroica», a pesar de los muchos intrusos que marcan la historia de la ciudad, desde conquistadores y piratas en el ayer, hasta guerrilleros y grupos de extrema derecha en el presente.

Un sueño fatal de Bella Durmiente

Pedro de Heredia, fundador de Cartagena en 1533, fue como era habitual, un fugitivo de la justicia madrileña en hambrienta búsqueda de oro. Su estatua se encuentra en la Plaza del Reloj, bajo cuyas columnas son vendidos dulces típicos del país en una gran variedad. Cristóbal Colón y Simón Bolívar fueron inmortalizados frente a la alcaldía y respectivamente en el sombrío parque frente al Palacio de la Inquisición, una joya arquitectónica restaurada recientemente, con un imponente portón de entrada en estilo barroco. Desde la cercana catedral soplan los sermones, y ubicados en toda la plaza se encuentran vendedores callejeros ofreciendo frutas frescas, cocos y copias de cuadros con redondas figuras hechas por el pintor Botero. En los callejones con fachadas de colores, grandes portones y balcones floridos, acecha el calor, y cualquier soplo de viento se pierde en el laberinto de las calles. La ciudad amurallada, la acumulación de monumentos y el Castillo San Felipe fueron desde 1984 declarados patrimonio de la humanidad por parte de la UNESCO. Pero solo desde la prohibición del tránsito motorizado se ha podido desplegar la hermosura de la ciudad colonial.
Cartagena adquirió importancia comercial en los siglos anteriores principalmente por la trata de esclavos y por ser puerto de exportación para el oro dirigido hacia Europa. Esta importancia se perdió, sin embargo, al obtener el país su independencia. La ciudad, conectada al Río Magdalena y por consiguiente al resto del país únicamente a través del Canal del Dique, se encontraba aislada del desarrollo de Colombia. La ciudad cayó en un fatal sueño de Bella Durmiente, del cual despertó, sumida en la miseria, apenas a finales del siglo XIX – demasiado tarde para volver a adquirir importancia. Colombia, para sumarse al comercio mundial, vio la necesidad de crear puertos adicionales. Estos, sin embargo, fueron construidos más al norte, junto a la desembocadura del Río Magdalena, en Barranquilla. Hoy en día la «Heroica» ha tenido que conformarse con ser únicamente la base naval colombiana.
Los años de crisis y de olvido contribuyeron, sin embargo, a la conservación e integridad de la ciudad vieja, según Moisés Álvarez, el director del archivo histórico. Las espléndidas construcciones con sus amenos patios fueron renovadas actualmente por colombianos de alto poder adquisitivo, radicados en el extranjero, que así aseguran el mantenimiento de las edificaciones expuestas a la humedad. A pesar de esto, muchas viviendas se encuentran permanentemente inhabitadas. Anteriormente los privilegiados sociales, escapando de la angostura en vieja ciudad, se habían establecido en la isla La Manga, en donde también habitaba el Doctor Juvenal Urbino, personaje de «El amor en los tiempos de cólera», la novela escrita por Gabriel García Márquez. Una otra parte de la clase alta colonizó la península de Bocagrande, en donde hoy en día se elevan los más bien aburridos rascacielos. La ciudad se expandió también hacia el interior. Creció en esa dirección por falta de planificación y a causa del descuido por parte de la élite cartagenera. Y allí Cartagena ofrece en ciertos lugares una imagen de miseria.

Falta de alimentos

La población actual de la ciudad es de casi un millón de habitantes. Tres de cada cuatro habitantes pueden ser catalogados como pobres. Cuarenta y cinco por ciento de la población – como lo muestra un estudio hecho por las autoridades cartageneras y por la corporación «Viva la Ciudadanía», una unión de organizaciones de carácter social – no logra obtener, con el bajo ingreso de apenas 40 dólares mensuales, la cantidad necesaria de alimentos. La tasa de jóvenes que interrumpen la escuela o sus estudios por motivos económicos es alarmante, como también la cantidad de niños que por los mismos motivos ni siquiera inician la escuela. En programas de alimentación se ha constatado además que muchos niños, a causa de los daños físicos producidos por la desnutrición, no pueden ingresar a la escuela, dice Álvarez. Los programas de alimentación por parte de la administración son escasos. En los últimos años, la situación higiénica en ciertos lugares fue, sin embargo, mejorada a través de ampliaciones en el abastecimiento de energía y electricidad. A pesar de eso, el estudio demuestra que los precios aumentaron a causa de las privatizaciones que se llevaron a cabo, y que, consecuentemente, a la mayor parte de la población ya no le es posible pagar las facturas de estos servicios, que son de por si un derecho para la población.

¿Auge de construcción a la vista?

El crecimiento de la pobreza ha aumentado en los últimos cinco años. La estructura social, según el estudio, se encuentra a punto de colapsar a causa de la misma. Aproximadamente una décima parte de la población de la ciudad está compuesta por desplazados, es decir, refugiados que provienen de diferentes zonas del país, de donde huyen a causa del fuego cruzado entre los grupos armados irregulares, y no les queda más remedio que buscar protección y ayuda en las ciudades. Estos trajeron una miseria coyuntural a la ciudad, que se sumó a la pobreza tradicional de Cartagena. Miles de desplazados se encuentran concentrados actualmente en el barrio «Nelson Mandela», en el cual ningún extranjero se atrevería a aventurarse.
En una longitud de seis kilómetros junto a la Ciénaga de la Virgen se encontró, además, un aterramiento de casi cien metros de latitud - obtención de terreno con piedras, desechos y basura en las colonias pobres. La cólera de los tiempos del Doctor Urbino parece inofensiva en comparación con las enfermedades que se extienden hoy en día en los malolientes y fangosos barrios sobre las orillas de la Ciénaga. El mismo Jan Egeland, delegado de las Naciones Unidas para asuntos humanitarios, se mostró muy impresionado recientemente, y comparó la situación vista con aquella de los países africanos, según informes de la prensa. Esta herencia representa para el joven y nuevo alcalde Barboza una gran carga.
En el último periodo legislativo fueron iniciados algunos proyectos para mejoras de infraestructura, al menos en ciertos puntos, que deben dotar a la ciudad además de nuevos impulsos. Además de la ampliación del abastecimiento de agua, se intenta enfocar la atención también en mejorar del sistema de tratamiento de la misma. Hasta hace poco, las aguas residuales desembocaban sin tratamiento alguno en la Ciénaga de la Virgen y posteriormente en la Bahía. Las aguas estarían empezando hasta ahora a mejorarse, según Silvana Giaimo, responsable de planeación de la administración anterior. La última parte de un proyecto de construcción de una depuradora en las afueras de la ciudad, financiada con un crédito del Banco Mundial, ha de ser terminada el próximo año. Para finales del 2006 se planea además reemplazar el actual y desordenado sistema de transportes público por un sistema basado en el ya en Latinoamérica bastante famoso «Transmilenio» de Bogotá.
También en el proyecto de buses ayudó el Banco Mundial, así como el gobierno nacional en Bogotá. Las contribuciones del extranjero las buscó la administración anterior teniendo como meta la duración y eficacia: el negar esta ayuda sería para la actual administración algo imposible. Silvana Giaimo, en la actualidad directora de la cámara de comercio en Cartagena, espera inversiones para los próximos Juegos Centroamericanos y del Caribe, que se llevarán a cabo en Cartagena en el 2006. El sector de la construcción estaría en la mejor posición para crear empleo – la tasa de desempleo se encuentra en un quince por ciento, el subempleo alcanza cifras parecidas – y absorber la mano de obra no calificada. Lo mismo vale para el sector turístico, un campo en el que el potencial de la ciudad amurallada y las aledañas islas y penínsulas no ha sido agotado del todo aún.

Miss Colombia

La ciudad, con un gran centro de convenciones y con una serie completa de hoteles de lujo, ha logrado consolidarse como la atractiva «capital diplomática» de Colombia, en donde se llevan a cabo cumbres internacionales, delegaciones y conferencias de todo tipo. A final de año, cuando el presidente colombiano se retira a la «Casa de Huéspedes», Cartagena se convierte con frecuencia en sede de gobierno. Y de no olvidar es el Reinado Nacional de la Belleza: esta frivolidad empieza el 11 de noviembre, en el día de independencia de Cartagena, y hasta ahora casi siempre ha logrado desbancar las malas noticias en los titulares. Al fin y al cabo es la alegría caribe – a lo que en otras regiones del país se le llama superficialidad – en vista de lo que García Márquez denominaba «drama permanente», importantes cualidades cartageneras, dice Moisés Álvarez desde el archivo histórico en el Palacio de la Inquisición. Y tal vez serían justo esas propiedades de la mejor defensa contra un conflicto armado que azota a Colombia ya desde hace 40 años.

NEUE ZÜRCHER ZEITUNG, 19/20.Juni 2004, von Nicoletta Wagber.
Traducción: Martín Cortázar-Müller
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