OPINION
La crisis financiera mundial: razones y lecciones
— El mercado requiere de regulación, regulación más fuerte, estricta y efectiva —
— por Marco Hernández del Salto (jurista) © para PuntoLatino —
Al evaluar el casi extinto 2008 encontramos muchos temas que han acaparado la atención mundial, eventos agradables como los Juegos Olímpicos de Pekín, la liberación de rehenes de cautivos por las FARC en Colombia, el fortalecimiento de las democracias en América Latina y otros tantos negativos como la continuidad de conflictos bélicos, las políticas migratorias inconsecuentes y la debacle financiera mundial, de todos ellos sin duda este último ha sido el que más ha acaparado la atención de los medios y en estos días preocupa y mantiene en vilo a la comunidad mundial, por una razón, como ninguno, aquél nos afecta a todos y por ello ha sido abordado a los más altos niveles locales, nacionales y supra-nacionales.
Pero, expresado satíricamente, como dijo Jack el Destripador: „vamos por partes“. Lo primero que se nos ocurrirá plantear es algo lógico: ¿cuál es el inicio de esta crisis? ¿qué ha sido lo que ha llevado al mundo a una inestabilidad y debacle económicas no vistas desde la depresión de 1929? Para responder esa pregunta debemos recurrir a un viejo y eficiente truco, revisar la historia.
Previo a ello debemos establecer un hecho claro respecto al tema, si hay algo en que los muchos analistas están de acuerdo, es en que se trata de una crisis sistémica, nada coyuntural, esto quiere decir en otras palabras que por ejemplo, a diferencia de la debacle de septiembre de 2001 que fue causada por un hecho meramente coyuntural y „casual“ como fueron los atentados del 11 de septiembre de aquel año, al momento tratamos con un problema que sale de los defectos y estructuras del funcionamiento del mercado financiero a nivel mundial. El mercado financiero se trata del sector económico más integrado y avanzado de la economía, en ningún otro sector se ha conjugado tan bien la tecnología y la inventiva humana como en él, es el único sector verdaderamente globalizado que trabaja prácticamente 24 horas al día, se trata de un funcionamiento cíclico que empieza el lunes al abrir Tokio que cuando cierra abre Europa que cierra al abrir Nueva York, México, São Paulo y Buenos Aires que al cerrar dan paso a Sidney que se conjuga nueva mente con Tokio y así toda la semana laboral. Son precisamente esas fortalezas y ese nivel de interconexión que han hecho al mercado más vulnerable ante las crisis.
Pero volvamos a la historia, para ello no hay que engañarse, la crisis no empezó en el verano de 2007, tampoco fue algo totalmente imprevisible como veremos luego, la orgía de Wall Street fue provocada por una serie de políticas adoptadas y seguidas por sectores conservadores y capitalistas ortodoxos de Estados Unidos, varias medidas paralelas las favorecieron; desde hace una década aproximadamente se inició una tendencia marcada a la desregulación de la banca de inversiones, con la intención de extender a todo el mercado y bajo la premisa de que el mercado se puede regular solo, que en caso de una crisis la „mano invisible“ del mercado lo balanceará todo.
Del lado político se tiene en cambio a la primera economía del mundo en medio de dos guerras muy costosas y mal administradas por un estado que veía reducirse agresivamente sus fuentes de ingresos entre otras cosas por las desmedidas ventajas tributarias otorgadas por el gobierno de George W. Bush en favor de ciudadanos norteamericanos de ingresos elevados; se justificaba entonces las decisiones de Allan Greenspan (“il maestro”) como Jefe de la Reserva Federal de los EE UU de mantener las tasas de interés referenciales bajas, es decir de mantener el dinero barato. Consecuencia: el mercado estaba invadido de dinero que los bancos debían colocar en la economía dando créditos, ello justificó la implementación de instrumentos financieros que permitan la liberación de capitales propios para expandir el negocio.
Los bancos deben, de acuerdo con las normas del Acuerdo de Basilea II, mantener un mínimo del 8% de capital propio, calculado de todo su patrimonio técnico (el dinero propio más el de los depositantes y clientes) eso quería decir que una vez otorgados cierto número de créditos, éstos debían suspenderse, pues sino capital propio se iba por debajo del 8%, para evitar ello y mantener la regla del 8%, los bancos norteamericanos comenzaron a vender sus créditos hipotecarios a otros institutos financieros y así se sacaba de los balances estos créditos, ¿listo? ¡No! Si algo caracteriza al mercado financiero es la capacidad de multiplicar dinero, quienes compraban las hipotecas las titularizaban, es decir las mezclaban y convertían en bonos o títulos negociables en la bolsa de valores, eso generaba una escalera en donde las comisiones por servicio de estos documentos llegaba a muchas entidades financieras, una detrás de la otra.
Hasta ahí todo bien, este esquema con supervisión adecuada no debería causar mayores dolores de cabeza, mucho peor llevarnos a la crisis de estos días, sin embargo sucede que si bien las deudas eran contraídas con la banca comercial, estas eran compradas por bancos de inversión, desregulados, a quienes no se les obligaba a revisar quién mismo es la contraparte. Habiendo tanto dinero barato en el mercado éste debía darse crédito, pero resulta ser que en gran medida el segmento de quienes podían pagar estos créditos se había agotado, sólo quedaba uno, el de aquellos con baja capacidad de pago, principalmente compuesto por los inmigrantes latinos y los afro-americanos, segmento conocido como el sub-prime.
La cosa no se queda en la simple necesidad de dar crédito a quien sea, se debe analizar lo que los bancos europeos que hicieron negocio con bancos norteamericanos no analizaron o simplemente no quisieron ver por avaricia, la economía norteamericana lleva años debilitándose, desde hace tiempo cambió el patrón productor por el consumidor, tercerizó muchos sectores y servicios y trasladaron a otros sitios buena parte de su infraestructura industrial y productiva, dejó de crear empleos fijos y los salarios de la clase media no mejoraron ante un Dólar cada vez más devaluado. La capacidad de pago de esos créditos no solo se concentraba en los sub-prime, iba más allá, ¿se contaba con una clase media que en realidad ya era pobre?
Bajo el principio de que los inmuebles no bajan de valor, por el contrario siempre subirán, se titularizaban deudas hipotecarias y se los vendía como un negocio seguro, los títulos merecían calificaciones de riesgo AAA o BBB, o sea bastante seguras, pero sucedía algo que la “mano invisible del mercado“ no pudo controlar, primero que dichas calificaciones eran dadas por agencias calificadoras (Rating Agencies) que cuando no eran parte del mismo banco emisor, recibían honorarios del mismo lo que implica un serio conflicto de intereses, eso trajo como consecuencia que se pase por alto, por un lado, el hecho de que en los títulos se licuaban hipotecas de todo segmento, incluso subprime, las que olían mal; y, por otro, que habían tantos créditos regados que se comenzó a encarecer el crédito y además, contrariamente a lo previsto, los inmuebles comenzaron a perder valor marcadamente.
Hasta que esto sucedió, el negocio parecía bueno y en efecto daba muchos réditos invertir en estos títulos valores, los retornos eran buenos, mientras sea así, nadie reclamó nada, la fiesta siguió y cuando los deudores, no solo sub-prime, dejaron de pagar las hipotecas por todas las circunstancias arriba mencionadas, los papeles comenzaron a pasar su verdadera factura. Todos los bancos, incluso europeos han invertido tanto dinero en estos títulos que no se sabe la real dimensión de las pérdidas. Nadie sabía quién estaba detrás de cada título valor y quién mismo era el deudor de la hipoteca que daba origen al bono, con ello la desconfianza se acrecentó y se ha llegado a un punto que incluso entre los mismos bancos no se encargan ni siquiera un saco de alacranes.
La cosa llegó a tal punto que, como lo recoge una investigación del semanario alemán Der Spiegel del mes de noviembre, incluso al interior de la icónica Lehman Brothers, la tradicional y más que centenaria Casa de Valores y Banca de Inversión norteamericana cuya quiebra marcó el inicio del desastre, se comenzó a revisar y hacer debida diligencia por cada transacción ya que debían evitar que hayan comprado títulos con riesgo Lehman o sea emitidos de manera inconsulta por ellos mismos, en otras palabras, debían cuidarse de ellos mismos.
Más irónico resulta ver que la economía símbolo del capitalismo de libre mercado ha adoptado medidas de corte claramente socialista para combatir la crisis, el socialismo viene a salvar al capitalismo, y eso imprecisamente en el gobierno más conservador y ortodoxo de su historia, cabe la pregunta: ¿Dónde estuvo la „mano invisible“ del mercado para ayudar en esta situación? Se nacionalizó la banca y en cuestión de dos días se extinguió la banca de inversión de EEUU, quizás, el mismo Lenin hubiese sido tan radical como Bush y Paulson.
Lo que viene es incierto, Joseph Ackermann, Presidente del Deutsche Bank, dijo en octubre que la crisis estaba por terminar, y al siguiente día quebró Lehmann, AIG, Washington Mutual, el Bayern Landesbank entre otros; primera conclusión: la cosa seguirá agravándose antes de mejorar, al menos eso es seguro, el problema actual radica en que por más medidas intervencionistas de los estados, paquetes de estímulos y salvatajes, los mercados simplemente no reaccionan. El problema se viene por el peligro de que la crisis se traslade, como parece inevitable, a la economía real, a la productiva, a la economía local, la recesión es un hecho, declarado oficialmente, Alemania y todos los vecinos de nuestra hospitalaria Suiza la están sufriendo, el comercio se contraerá y las consecuencias hasta ahora son inciertas. En este sentido el 2009 se avizora como un año muy difícil en el que no se puede ambicionar mucho, un año para aguantarlo, para trabajar y conformarse con lo seguro.
Keynes vuelve a la moda, incluso Obama ve la necesidad de reactivar la inversión pública luego de que se ha concentrado en compra de armas durante 8 años, Bush no cubrió ningún bache ni puso un ladrillo sobre otro. América Latina sufrirá igualmente los efectos de la crisis, para enfrentarla es preciso actuar mancomunadamente y mantener patrones propios, lo último que pueden hacer nuestros gobiernos es parar la inversión pública y dedicarse a guardar el dinero en reservas inútiles que finalmente financian la reconstrucción de quienes causaron todo este entuerto, las economías locales deben dinamizarse y crear, o al menos mantener, plazas de empleo suficientes, se viene al parecer una temporada en que se invertirá mucho más localmente.
La crisis deja algunas conclusiones y lecciones valiosas, la conclusión más fuerte es que los EEUU han perdido el liderazgo y el nivel de influencia en materia económica y política, las fuerzas se han nivelado y la arquitectura financiera mundial debe reformarse dando mayor participación a otros actores importantes como Brasil, Rusia, India y China (el grupo BRIC), el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial han perdido valor y tal como están ahora, no sirven para afrontar la crisis. La economía es todo menos recetas, Alemania tiene razón en ese sentido en reservarse sus propias medidas y no aplicar las mismas medicinas y paquetes coyunturales que se implementan en otros países. Las soluciones deben ser locales, ahora más que nunca.
Hay lecciones positivas de la crisis, recojo el análisis publicado por Der Spiegel como tema central de su Análisis del 2008 publicado en diciembre de este año; por un lado se debe mencionar la reacción internacional coordinada para confrontarla y el hecho de que la crisis no condujo a devaluaciones fratricidas que aíslan a un país en detrimento del otro, lo que si sucedió en los años 30 del siglo pasado y nos llevó a la segunda guerra mundial. Otra lección digna de mencionar es el hecho de que la banca de inversión anglosajona, inventora del capitalismo fratricida, se ha debilitado y se sigue debilitando marcadamente; esta variante de capitalismo forzó de manera agresiva a la economía a orientarse a lograr réditos de manera irresponsable y sin considerar riesgos, ha dejado de ser el amo y señor de la economía; Wall Street seguirá existiendo, pero más modestamente.
Se trata sin duda de un cambio de época, el capitalismo enfrenta su mayor crisis, una que amenaza su existencia, la economía dejará de trabajar para el mercado y éste empezará quizás a servir a la economía, y ojalá a la sociedad. En otras palabras, la economía se encuentra ante la posibilidad de iniciar una nueva época integrando más fuertemente a los valores éticos como motores de su funcionamiento, a abandonar prácticas canibalescas e irresponsables y olvidarse de incentivos desmesurados y riesgosos. El mercado requiere de regulación, regulación más fuerte, estricta y efectiva.
M. Hernández © para PuntoLatino, dic. 2008. |
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Fuente: blogsalmon |
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Fuente: cotizalia |
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Fuente: empresarios.mx |
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Fuente: enfoca.es |
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Fuente: exonline.mx |
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