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POLITICA
«Opinión»
En esta sección publicaremos artículos de la prensa
suiza y latinoamericana, juzgados de interés más que por
su actualidad, por su contenido a nivel de análisis. Asimismo
publicaremos artículos cortos de autores suizos y latinoamericanos,
en reproducción, traducción o exclusivos. No publicamos
en estas columnas artículos que no sean expresamente solicitados.
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NEUE ZÜRCHER ZEITUNG
Las «otras» plantas colombianas
Segundo mundialmente en exportación de flores
La historia del éxito de la industria floricultora en Colombia se ha mantenido casi ya cuatro décadas. Desde entonces, cuando se inició únicamente con el cultivo de claveles, la industria se ha convertido, gracias a la diversificación de la oferta, en un sector dinámico. Colombia se encuentra mundialmente en el segundo lugar entre los exportadores de flores. A vista de pájaro, el panorama brindado por la sabana de Bogotá es fascinante: en el fondo, la aglomeración de la capital colombiana se encuentra ajustada en contra de una cadena de cerros y tonalidades verde oscuras forman en el área frontal de la ciudad un tejido relativamente organizado. Unicamente las formas irregulares de los invernaderos son molestas. Estos son una marca característica de un sector que en los últimos años se caracterizó por un crecimiento enorme y demostró ser sólido y dinámico. Repartidas bajo los techos plásticos se encuentran rosas de todos los colores, claveles de todos los tamaños y de vez en cuando hortensias y crisantemos. Estas plantas, junto con el café, representan el contrapunto de otro producto agrícola colombiano, que se encarga más bien de los records tristes: el cultivo ilegal de coca, del cual proviene el ochenta por ciento de la cocaína consumida mundialmente y que alimenta con gigantes ganancias el conflicto armado que vive el país. |
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Un comienzo con 17 toneladas de claveles
La topografía, las condiciones de luz a 2600 metros sobre el nivel del mar y la condición climática relativamente constante en las cercanías del ecuador predestinan a la Sabana de Bogotá a ser terreno para la floricultura. Todo empezó con un proyecto de exportación hecho por USAID, el organismo de desarrollo de los Estados Unidos, en el año 1965. Se sembraron inicialmente únicamente claveles, de los cuales, ya después de un año, terminaron diez y siete toneladas en el mercado estadounidense. Para finales de esa década, se habían incorporado ya siete empresas a la industria floricultora, ubicadas en los alrededores de Bogotá. Hoy en día el número de empresas en este sector es cien veces mayor. Aproximadamente un 85% de las empresas se establecieron al borde de la capital: la cercanía del aeropuerto internacional El Dorado acorta en algo el camino de exportación de un producto de fácil deterioro. Un 12% de los cultivos se encuentran en el valle de Rionegro, cerca de Medellín, en el Departamento de Antioquia. El resto se ubicó principalmente en la zona cafetera, especializándose en el cultivo de flores tropicales, cuyo porcentaje del total aumentó fuertemente en los últimos años, sobre todo a causa de la caída en el mercado mundial de los precios del café. Los floricultores han recorrido un largo camino desde los primeros claveles, cuya remuneración en aquel entonces fue de US$ 20'000. Las plantaciones de flores abarcan hoy en día un área de aproximadamente 6000 hectáreas, y el volumen comercial sumó en el año 2003 US$ 684 millones. Colombia ascendió a ser el segundo productor de flores mundialmente, después de los Países Bajos. Hoy en día crecen en los invernaderos más de 360 diferentes variedades de claveles en todos los colores imaginables. En los años 80 se incluyó a la producción el cultivo de rosas, una diversificación importante que se desarrolló también exitosamente. Cualitativamente, las rosas colombianas son muy similares a las rosas ecuatorianas, que dominan prácticamente el mercado mundial. El catálogo de rosas colombiano abarca entretanto 140 especies diferentes. Éstas representan el 28% de las exportaciones, casi lo mismo que el porcentaje alcanzado por los claveles. El porcentaje residual se lo comparten los crisantemos, las orquídeas, las hortensias y unas cuantas docenas de especies más. Las rosas aumentaron las posibilidades de venta en países en donde la decoración con claveles no es una de las predilectas. Mientras que hasta antes de la producción de rosas, prácticamente toda la producción se exportaba a los países norteamericanos, las ventas crecieron después también en dirección hacia la Unión Europea. Esta representa hoy en día, con tendencia creciente, una décima parte de las exportaciones, de la cual la mitad es asumida por el Reino Unido, en donde los claveles encuentran más acogida. |
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Vigilancia con cámaras
La industria floricultora ofrece hoy en día, directa e indirectamente, puestos de trabajo para más de 163'000 personas, de las cuales la mayor parte son mujeres. Casi diariamente se podría celebrar un nacimiento, comenta Hermes Valderrama, jefe agrónomo de Flores Ságaro S.A., sobre la estructura del personal en su empresa. La empresa, ubicada cerca de Bogotá, emplea actualmente a 1'200 trabajadores. Los hibiscos forman una espaldera en los caminos a lo largo de los invernaderos. En el interior, los claveles se estiran hacia lo alto, y las no menos derechas rosas se encuentran cubiertas con redes plásticas para protegerlas de la luz. Sobre el suelo discurren los conductos para el riego y para la adición de abono; como medida para el perfeccionamiento del microclima, el suelo se encuentra cubierto de heno. Las flores son cortadas siempre en la madrugada. En cajas llegan a una cámara frigorífica para luego ser transportadas al pabellón de selección, en donde los claveles y las rosas son conservadas en un líquido alimenticio y son separadas según el tamaño, el color y el largo para luego ser atadas. En otro lugar, las flores son usadas para hacer ramilletes, una rama de la industria que aún posee potencial de desarrollo, según Valderrama. El camino de cada caja es registrado, y el proceso, a partir del cuarto frigorífico, es vigilado por medio de cámaras – no como señal de desconfianza, sino como medida de seguridad en cooperación con la agencia de aduanas estadounidense. Se busca así evitar que algo diferente a flores sea introducido en las cajas, explica Valderrama, comentando un envío de claveles – no proveniente de Flores Ságaro – que fueron encontrados por las autoridades correspondientes, ahuecados y rellenados con cocaína. |
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| Un sello de calidad Flores Ságaro S.A. pertenece al grupo de empresas que fueron premiadas con el certificado «Florverde», un sello de calidad que fue introducido en el año 2003 por la Asociación Colombiana de Flores (Asocolflores), en cooperación con la Societé Générale de Surveillance (SGS). Las condiciones de certificación van más allá del solo control de cumplimiento de leyes laborales y de medio ambiente. Abarcan, además, un programa social, cuyo objetivo principal es la formación permanente de los empleados, así como los temas relacionados con salud. También se tienen en cuenta las pautas ecológicas. Un gran número de los miembros de Asocolflores cumplen hace ya bastantes años las normas de «Florverde», pero la certificación por parte de SGS otorga a las empresas, adicionalmente, credibilidad. Además, «bienestar» es interpretado por Asocolflores como un término bastante amplio; constantemente son lanzadas acciones sociales para los trabajadores, como por ejemplo subsidios de vivienda o jornadas de vacunación para las familias. Las metas superiores son el constante desarrollo y el mantenimiento de la competitividad de todo el sector. La certificación podría convertirse entonces pronto en una ventaja competitiva, apartando a las llamadas ovejas negras, presentes también en este sector. Las primeras nueve empresas obtuvieron el «Florverde» hace un año, quince adicionales la han ido obteniendo hasta la fecha, y 115 se encuentran a un pie de ser certificadas. Las flores en el invernadero de Flores Ságaro ya no crecen todas directamente desde la tierra. Algunas partes de los invernaderos fueron transformadas a un sistema de hors-sol, que permite no solamente un mejor control del crecimiento de las flores, sino que también ofrece la posibilidad de reciclar el agua abonada. Como sustituto de tierra se utilizan granos de arroz quemados. Según Valderrama, por medio de este sistema se logra obtener una cantidad de flores cinco veces mayor. En lo posible, son utilizados pesticidas biodegradables. En alguno que otro lado son visibles las plantas de tabaco, que mantienen alejados de las flores a los insectos dañinos. El agrónomo explica que no siempre es necesario el uso de elementos químicos para fortificar las plantas; muchas veces bastaría rociar las plantas con agua de caña de azúcar común. Como se oye decir, los cultivadores de coca con capacidad de aprendizaje han adoptado el mismo sistema de fumigación, intentando proteger los cultivos ilegales del glisofato, el herbicida utilizado por las avionetas de las unidades anti-droga. En la búsqueda de nuevos mercados |
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