CINE
Cita con el cine – 29 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana
— por Brigitte Siegrist © para PuntoLatino —
Llegar a La Habana en pleno invierno helvético es como sumergirse en las aguas termales de un balneario, o sea, un auténtico goce para los sentidos. Un balneario decaído, es cierto, pero balneario al fin, cuya fachada aún hace recordar los tiempos de fortunas desmesuradas, personajes ilustres y lujuria importada, mientras que en su interior se vislumbran grietas tal las venas abiertas de una intervención estancada. ¡Bienvenido al país de los contrastes! El programa „wellness“, sin embargo, sigue con un masaje vivificador impartido por el mismo personal. Las charlas con el aduanero, el taxista y la recepcionista son bálsamo para la sufrida alma suiza, que empieza a enderezarse y a prepararse para los días festivos que le esperan con el festival de cine internacional en su 29 edición.
La 29 edición del Festival y las obras premiadas
El amplio catálogo hace ver que el espíritu que cuarenta años atrás alentara la celebración del I Festival de Cine Latinoamericano de Viña del Mar, del que el festival cubano se considera heredero, sigue estando de alguna manera presente, ofreciendo espacio a los que, desde Ushuaia hasta Tijuana, buscan imágenes y voces nuevas y auténticas, y reflejando una identidad latinoamericana vinculada estrecha e indefectiblemente con el mundo global.
Brasil, Argentina y México destacan por una notable presencia, hecho que se refleja también en los premios. México se lleva el más prestigioso de ellos, el Primer Premio Coral, con Luz silenciosa (Stellet Licht) del aquí ya bien conocido Carlos Reygadas, que sorprende con una fotografía sublime al acercarse al universo de una familia de menonitas en el norte de México, así como el Segundo Premio Coral por la densa Ópera Prima Partes usadas de Aarón Fernández Lesur, que muestra cómo dos jóvenes, incitados por el deseo de emigrar al paraíso norteño, caen lenta pero irremediablemente en la delincuencia. Dos premios importantes galardonan a Brasil: A casa de Alice recibeel Primer Premio Coral en Óperas Primas. En ella, Chico Texeira analiza con realismo no mágico la vida de una familia brasileña en un momento de crisis matrimonial. O ano em que meus pais sairam de ferias de Cao Hamburger gana el Segundo Premio Coral en Largometrajes. La obra refleja los tiempos de la dictadura militar en los años 60, vistos por los ojos de un chico cuyos padres salieron „de vacaciones“. Argentina, a su vez, ve corroborado con el Tercer Premio Coral el éxito berlinés de El otro (Ariel Rotter), sutil estudio sobre la identidad, la fugacidad del tiempo, lo efímero de la vida (en abril en los cines de la Suiza de habla alemana). La chilena Camila Guzmán Urzúa es galardonada con el Primer Premio Coral por su documental El telón de azúcar, que explora los caminos de la generación cubana nacida en los años 70 y 80 y adolescente en pleno y, al parecer, eterno período especial.
Obras no premiadas pero no por ello menos apreciadas
Otras joyas cinematográficas, por mucho que brillaran, no se vieron coronadas en el palmarés. La zona del uruguayo Rodrigo Plá plasma en la pantalla, con mucho suspense, un fenómeno cada vez más agudo en el mundo entero: Los excesivamente ricos no encuentran la paz detrás de sus murallas, viéndose continuamente amenazados por la amplia „chusma“ extramuros. Salvando las distancias, el fenómeno „zónico“ se puede experimentar en África del Sur al igual que en Brasil, en Ecuador y en la mismísima Cuba, donde el capitalismo entra por vía del peso convertible ergo por el turismo exterior. Argentina dio, una vez más, muestra de su vitalidad cinematográfica, con la agradable variante de que esta vez predominaron las mujeres realizadoras: Lucía Puenzo presenta su opera prima XXY, cuyo misterio radica precisamente en estas siglas y en el drama que vive una adolescente nacida hermafrodita. Anahi Berneri ofrece con Encarnación un brillante estudio sobre una estrella de cine que se extingue al entrar en „la edad crítica“. Sandra Gugliotta viaja en Las vidas posibles (a partir de junio en los cines suizos) con su protagonista en busca del marido desaparecido a una Patagonia cuya sobrecogedora naturaleza parece englutirlo todo, y Ana Katz pone al descubierto, con enorme sensibilidad, el corazón roto de Una novia errante. Cabe destacar, por último, una joya uruguaya que no hay que perderse y que justo ahora se estrena en los cines suizos: El baño del Papa del dúo Enrique Fernández y César Charlone se basa en una visita del Papa a Uruguay, hecho real que los dos maestros adornan con fantasía, ternura y encanto, poniendo al desnudo el ambiguo papel de los medios de comunicación.
Otras latitudes – El cine suizo en La Habana
Por cuarta vez, Suiza participó con 6 películas en „Otras latitudes“, sección que acoge, fuera de concurso, muestras del cine realizado actualmente en países como Noruega, Inglaterra, Canadá, Italia, España y Alemania, asegurándose esta última el éxito y la sorpresa del público con La vida de los otros.
La muestra helvética presentó cuatro filmes de actualidad y un homenaje al fallecido Daniel Schmid. Se inauguró con la película más taquillera de los últimos años que aún se embellece con su título en español: Flores de otoño de Bettina Oberli. Die Herbstzeitlosen incluye una buena ración de „swissness“, y aunque precisamente por esto tarda un poco en arrancar, el espectador cubano se sintió plenamente satisfecho con su desenlace esperanzador.
La segunda noche, el joven cineasta francófono Frédéric Choffat presentó su obra La vrai vie est ailleurs (La verdadera vida está en otra parte). Tres historias se inician en la estación de trenes de Ginebra. Tres personas salen de viaje y cada una de ellas va a encontrar en un momento del mismo una pareja que le acompaña durante una mínima parte de su vida; unos encuentros tan sustanciales que hacen tambalear su existencia, ya elegida y bien establecida. Una obra sensible, inteligente y poética.
Hace poco, el documental Chrigu estaba muy presente en los medios de comunicación suizos; una obra a la vez universal y personal, a la que a pesar de su delicado contenido, en ningún momento se puede tachar de “voyeurista”. El director Jan Gassmann, el productor Thomas Jörg y los dos músicos Fabio Bardelli y Jonas Leuenberger, del grupo „Die Mundartisten“, todos ellos íntimos amigos de Chrigu, viajaron a la capital caribeña acompañando su obra.
Chrigu fue presentado en los más diversos puntos de la Tierra y es interesante comparar las diferentes reacciones que pudo provocar el tema de la enfermedad y de la muerte en las distintas culturas. El director Jan Gassmann comenta: „Pienso que cada nación tiene su propia manera de sentir y expresar sus emociones, tenía la sensación de que la atmósfera de la sala era muy intensa. Varios espectadores nos contaron después de la proyección sus propias vivencias al respecto. Hasta ahora, Chrigu ha sido mostrado únicamente en países ubicados al Este, no sé si tiene que ver con el propio Chrigu que dijo en una ocasión que se quería marchar rumbo a Este. De todas formas, me siento muy unido a los latinos y la invitación me causó gran alegría, precisamente porque me encanta la idea de mostrar y compartir una experiencia personal con gente de otra cultura.“ Respecto al festival, opina: „La imagen de las colas delante de los cines con cientos de personas se quedará grabada en mi memoria. La entrada allí es muy barata y los cubanos tienen mucho criterio a la hora de opinar sobre una película. Si no les gusta, no se cortan en abandonar la sala. Tampoco se me olvidará fácilmente la ceremonia final, en que se repartieron unos 50 premios a toda velocidad, uno no paraba de aplaudir... Clausurando el evento, el presidente Alfredo Guevara, que rozará los 80, alabó la fraternidad entre los latinoamericanos y elogió el cine de autor, esto es otro mundo“. Jan Gassmann tenía la oportunidad de presentar Chrigu en la reputada Escuela de cine de San Antonio de los Baños, que está a una hora de la Habana: „Era de lo más interesante ya que gente de mi misma edad opinó sobre nuestro trabajo. En un primer momento, todos estaban impactados, pero con el tiempo se desencadenó una charla muy interesante, también hablamos de cómo se hizo la película y fue asombroso descubrir que, viniendo de economías tan diferentes, usábamos las mismas cámaras y programas de montaje. Una faceta de la globalización, supongo, que nos sorprendió a todos.“
Completa la muestra la ganadora del Pardo de Oro del Festival de Locarno de 2006, Das Fräulein (La señorita). Fue quizás la más apreciada, por su contenido y forma, dentro de la muestra helvética aunque no se sabe hasta qué punto el público se dio cuenta de que estaba viendo una película suiza, ya que las protagonistas son inmigrantes de los Balcanes y las nociones lingüísticas eran difíciles de salvar en el subtitulado.
Estrellas en el Malecón
Queda por mencionar que el Festival contó con la presencia de auténticas estrellas de cine y se podía ver a Hanna Schygulla (Auf der andern Seite, muestra alemana) deambulando por la sede del Festival o al genial Javier Bardem, en bañador en la piscina del hotel. El broche de oro lo puso seguramente Gael García, que presentó su primera obra como director. Déficit posiblemente no vaya a entrar en el canon cinematográfico, pero el recibimiento en la sala a quien interpretó a un personaje tan enigmático como el Che en Diario de motociclista fue un espectáculo inolvidable.
E inolvidable va a ser este viaje al pasado, en que una a veces se cree en un museo, un pasado que muchos de nosotros, saturados de tanto consumismo, podemos anhelar, pero en el que pocos de nosotros sabrían sobrevivir si lo tuvieran que hacer en las condiciones del ciudadano de a pie. Un pasado en que la gente todavía se mira, se sonríe, se habla, se siente, se ayuda, se cuida, en que las bellísimas salas de cine, auténticos templos, dan testimonio de una conciencia de la cultura y otorgan al séptimo arte el marco que se merece, pero en el que la sociedad presenta dos caras. El lugareño no tiene acceso a los más lindos lugares porque no dispone del peso adecuado y el extranjero gasta por un viaje en taxi por la capital el salario mensual de un cubano. Y hasta el oftalmólogo, al que la „operación milagro“ ha dado un trabajo milagroso por un salario miserable, tiene que hacer de taxista en su tiempo libre para sustentar a su familia. Y en kilómetros y kilómetros de tierra frondosa no se ve ninguna plantación, pero sí cantidad de carteles que animan a colaborar. ¿En qué? Y el pescador no puede pescar ni una sardina sin caer en la ilegalidad. Y la lógica consecuencia es que el acoso al turista en ciertos lugares es total. Aunque las cosas igual van a cambiar pronto, pero ¿en qué sentido?
Y ya toca subir al avión y cruzar el charco, entrar en la Migros y asustarse ante tanta oferta, salir corriendo al frío y ubicarse nuevamente en los tonos grises que cubren el cielo y la faz del prójimo.
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